Sr. Director:
En estos días estoy participando en diversos foros sobre los precios en origen de los productos alimentarios, con frecuencia se llega a la conclusión que el problema es el mercado y quien se enriquece es quien lo domina, en este contexto he estado pensando en las enseñanzas de la última encíclica.

Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil es una idea básica de la encíclica Caritas in veritate. El desarrollo -dice el Papa- si quiere ser auténticamente humano, debe dar espacio al principio de gratuidad, cosa que vale de manera particular para el mercado. Éste, sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, no puede cumplir plenamente su función económica: ni puede contar sólo consigo mismo, ni puede convertirse el lugar del atropello del fuerte sobre el débil.

En cambio, dice Benedicto XVI, la lógica mercantil debe conducir a la consecución del bien común del que debe hacerse cargo también, y sobre todo, la comunidad política. Transparencia, honestidad y responsabilidad son principios de la ética social que, como muestra la actual crisis, no deben descuidarse. Igualmente la empresa necesita cambios profundos en su planteamiento.

Su gestión no puede tener en cuenta sólo los intereses de los propietarios, de los accionistas o emplear especulativamente sus recursos. Si se hiciera caso a estas palabras evitaríamos muchos de los problemas que estamos sufriendo, entre otros los relacionados con las materias  primas para la producción de alimentos, que de seguir así nos quedaremos sin agricultores y consecuentemente seremos dependientes de terceros para garantizar el suministro de alimentos.

Domingo Martínez Madrid

domingo121@gmail.com