Así que el BBVA asegura que se necesitan 50.000 millones de euros para capitalizar los bancos y las cajas españoles.

Como si el sector estuviera al borde de la quiebra. Qué curioso: el servicio de Estudios del banco que más se ha derrumbado en bolsa da lecciones de cómo aumentar recursos propios. Con el recurso al accionista, claro, con el dinero de los demás, sean accionistas o contribuyentes. 

Ayer, lunes día 7, al cierre del mercado, el BBVA valía 28.200 millones de euros. Cuando FG se hizo presidente único del BBVA, nueve años atrás, tras expulsar con malas artes a Emilio Ybarra, la capitalización del BBVA superaba los 85.000 millones de euros. Si restamos ambas cifras rozamos los 57.000 millones. Es decir, que capitalizaríamos todo el sistema bancario español, enterito, tan sólo con el valor que le ha hecho perder el señor González al propio grupo que preside. Y todo ello, atendiendo a las premisas de su propio Servicio de Estudios. ¿Cómo lo ven?

Los que llevamos muchos años en esto añoramos aquellos felices días en los que el Servicio de Estudios del Banco de Bilbao era más independiente y menos amante de los lugares comunes.

A ver si nos entendemos: la obsesión con los recursos propios no es más que un instrumento artero del poder para controlar la banca, es decir, para controlar los flujos de dinero de los mercados financieros y el ahorro de los ciudadanos. Y no hablo sólo de gobiernos irresponsables emisores de deuda, que también, sino de las comunidades autónomas, del Banco de España y de todo el aparato que mueve las bolsas: agencias de rating, intermediarios financieros, fondos de capital-riesgo y demás especuladores que siempre juegan con el mismo elemento: el dinero de los demás.

La subida del coeficiente de recursos propios es una decisión política que bien podría no ser y que no va a ayudar a controlar futuras crisis. Ni de broma. Ayer mismo, en la reunión internacional del seguro, el presidente de MAPFRE, José Manuel Martínez, advertía, a contracorriente de la vulgaridad reinante, del peligro de aumentar las exigencias de recursos propios. Y en efecto, es un verdadero horror. Primero,  porque aumentará la especulación; segundo, porque reducirá el apoyo de la banca y las aseguradoras a la industria y tercero porque medir la solvencia bancaria por los fondos propios no es más que beneficiar a los grandes bancos y perjudicar a los pequeños y son los grandes bancos los que han propiciado la economía especulativa y apalancada en la que vivimos y, además, los que han caído y han exigido ingentes ayudas de los pequeños, es decir, de los ciudadanos.   

Por cierto, que tras el BBVA han llegado los cálculos del City, que rebaja la nueva aportación de capital necesaria (probablemente la que conseguirá su división de banca de inversión a través de cómodas comisiones) será de entre 24.000 y 35.000 millones. Y lo dice el City que por especulador, no por su faceta de banca doméstica, estuvo en quiebra técnica y tuvo que ser salvado por los ciudadanos norteamericanos, otra vez los pequeños salvando a los grandes. 

Y lo malo es que asistimos, pavisosos, sumisos, pastueños, a esta monumental estafa. Ayer mismo, la vicepresidenta económica del Gobierno, Elena Salgado, volvía a hablar, en presencia de sus homólogos y de dos franceses muy peligrosos para España, el director del FMI, Dominique Strauss-Khan y el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, que la reconversión bancaria española nos hará estar mejor. A buen seguro que los precitados estaban pensando: Qué señora más simpática, qué señora más tontuela.

Que el país con mejores bancos y cajas de ahorros de Europa, que apenas han necesitado ayudas públicas, lo que no ha ocurrido con las bancas británica, suiza, alemana o francesa, siga la interesada vereda que nos indican nuestros competidores y que conduce directamente al suicidio del déficit y que lo haga con la sonrisa de buen alumno agradecido es algo propio de idiotas. Pero es sabido que el español nunca compite contra el extranjero sino contra sí mismo. Este es un país que vive en permanente guerra civil, un país cainita.

España no debería gastarse ni un solo euro en ayudas a bancos y cajas de ahorros, ni forzar fusiones para forzar subvenciones, y muchos menos, 90.000 millones de euros. Pero somos así de estúpidos.

Que no: que el negocio bancario no se basa en la capitalización que no es sino una forma de que el pez grande se coma al chico. El negocio bancario se basa en la mora y en la liquidez permanente. La principal obligación de un banquero es conseguir que le devuelvan el dinero prestado y disponer en caja del dinero necesario para que la economía funcione. Mora y liquidez, no recursos propios, porque el coeficiente de fondos propios y la capitalización constituyen el invento favorito del poder para mantener el chantaje más universal y habitual de los últimos 50 años: el chantaje con nuestros ahorros, bajo la conocida fórmula del intermediario: si esto se hunde, no se irá al garete mi patrimonio sino tu fondo de inversión, o tu fondo de pensiones. Así que más te vale, ciudadano, que nosotros, banqueros y bolsistas, no nos caigamos, porque serás tú quien se rasque el bolsillo para levantarme.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com