He pasado unos días en Finlandia, un país hermoso, un enorme bosque con 200.000 lagos, que sólo tiene un problema: la oscuridad.
El frío no es un problema, tampoco el calor, ni la lluvia. El problema es la ausencia del luz, la oscuridad. Dos meses de sol y en Helsinki, al sur del país, porque el resto es "como una película en blanco y negro". El día ártico no es día, es una nebulosa que hiere la biología del tiempo impresa en el ser humano. Son casi diez meses donde no se puede hablar de amanecer ni de crepúsculo.
Sin luz, a muchos finlandeses les da por el alcohol, luego se deprimen y posteriormente se suicidan. Y ojo, se suicidan en primavera cuando todo florece menos el alma humana, que es incapaz de seguir el ritmo natural.

Un detalle, la Navidad se celebra con miles de personas acudiendo a los cementerios con velas. Como un picnic macabro. No, no van a rezar por sus muertos, van a festejar con luces de cera la oscuridad reinante, ¿Por qué en el camposanto No tengo ni la menor idea.

"El finlandés reza en el bosque", me dice Ami, la simpática guía que nos acompaña. "Para nosotros más que la fe existe la cultura. Yo no pertenezco a ninguna religión pero llevé a mis hijos a una iglesia católica, porque quería que conocieran la cultura católica". Y la cultura es muy importante pero ¿Y de qué sirve la cultura sin culto

Y no es fácil, porque en todo Helsinki, con una urbanización con 1,2 millones de habitantes, sólo hay dos iglesias católicas. Por ejemplo, la misa del sábado -no hay por la mañana- no existe en Helsinki. Eso sí, como siempre que el catolicismo está en minoría, la liturgia se cuida más que en España, con la feligresía arrodilla durante todo el canon, adoración al Santísimo expuesto previo a la celebración y demás detalles de afecto hacia el sacramento.

Pero los católicos no llegan ni al 1% de la población. Tampoco luteranos y ortodoxos, con dos catedrales en pleno centro de Helsinki, pueden presumir de otra cosa que no sea una mezcla de fe y turismo artístico.

No, Finlandia es un país pagano. Una capilla de piedra más o menos ecuménica, sirve para que la gente acuda, como en el bosque, a escuchar música clásica y meditar.

En resumen, Finlandia es un país pagano. No nos engañemos, un 'qué' nunca consuela, el hombre precisa de un 'quién'. A ser posible, un quién Creador, Redentor y Padre.

Un país pagano, rico y caro. Sueldo medio entre 2.900 y 3.500 euros mensuales. Caro: una caña de cerveza sale por ocho euros en cualquier bar modesto del centro de Helsinki, un sandwich son 14 euros. Pero falta lo otro, falta luz… y falta Cristo. Pienso la suerte que tenemos en España, un país cristiano, a pesar del los pesares, y donde la luz es luz y la oscuridad no es sino la espera de la luz que viene.

Eulogio López

[email protected]