El periodista Enric Sopena (en la imagen) ha utilizado las redes sociales para llamar fascistas a quienes el pasado domingo se manifestaron en Madrid contra la excarcelación de delincuentes tras tumbar la doctrina Parot.

La verdad es que se precipitó un poco, porque resulta que algunos de esos 'fascistas' pitaron a los dirigentes del Partido Popular, que es lo que le mola al socialista Enric.

Pero no deja de ser un problema. Al llamar fascista a las víctimas de ETA o a quienes les apoyan, Sopena está cruzando la línea que provocó la guerra civil: está negando la rectitud de intención al adversario, que se convierte así en enemigo, esto es, en enemigo a batir.

Que las víctimas del terrorismo sean tildadas de fascistas nos retrotrae a la II República y la guerra civil, al parecer no superadas con la Transición. Con Zapatero volvimos al guerracivilismo pero con la muerte política de ZP pensamos que había sido un paréntesis.

Me temo que no. La actitud del PSOE, de Izquierda Unida -es decir, de los comunistas de Cayo Lara-, así como de unos grupos antisistema cada vez mejor organizados y más violentos regresamos a los tiempos en que cualquier cristiano, liberal o simple partidario del orden, o de la unidad de España, ya no es un conservador sino un fascista que debe ser perseguido.

Sobre todo los primeros, los católicos, que no tienen por qué ser ni liberales, ni centralistas, ni tan siquiera partidarios de la doctrina Parot, pero son los más fascistas de todos para los nuevos sectarios progres estilo Sopena. Y esto es muy peligroso, oiga, usted.

Eulogio López

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