Me he quedado tranquilo al saber que los etarras salidos por mor del final de la Doctrina Parot "asumen su responsabilidad" (en la imagen). Esta frase me emociona mucho, ya lo saben ustedes. En cuanto un político asume su responsabilidad, lanzo un gran suspiro porque siento que hemos solucionado el problema. Con los etarras me ocurre lo mismo.

No piden perdón, como les pidió el periodista Cake Minuesa (vean aquí una parte del vídeo y pinchen en este enlace para ver la segunda), lo cual es de agradecer, Minuesa: eres un tío valiente. Pero, eso sí, asumen su responsabilidad y exigen el derecho a decidir y la solución al 'conflicto'.

Lo de los etarras en libertad reunidos en Durango -¡qué caretos!, no dejen de ver las fotos de los susodichos- recuerda la sentencia de Juan Pablo II; cada día que pasa, mayor actualidad.

La primera parte de la proposición wojtyliana se entiende muy bien: en una sociedad injusta surge la rebelión del marginado. Así que no puede haber paz sin justicia previa. Hasta ahí todo claro.

Pero la segunda parte no se entiende igual de bien. ¿Qué tiene que ver el perdón con la justicia Pues tiene que ver porque el hombre tiene una inclinación a violentar la ley natural, de la que depende la justicia. En otra palabras, el hombre nunca es justo ni cuando lo intenta. Falla más que una escopeta de feria. Por eso, el afán por la justicia debe complementarse por la predisposición al perdón del maltratado cuando no se alcanza el objetivo. Por ejemplo, el 99% de las veces. Y no, los tribunales no sirven como sustituto del perdón porque los tribunales no perdonan… y porque los jueces tampoco son justos… en un 99% de los casos. El oficio del juez no es hacer justicia sino aplicar la ley.

Otra cosa es que el perdón sin arrepentimiento ennoblece a quien perdona y denigra al ofensor. Los etarras de Durango no deben sentirse perdonados por el hecho de haber pasado años en la cárcel… porque no se arrepienten, sólo asumen su responsabilidad.

Y mientras no se arrepientan, el 'conflicto' continuará. Porque las sociedades nunca cambian: el que cambia en el hombre. Y cuando este cambia, entones cambia la sociedad.

Lo de Durango fue un papelón etarra, de unos etarras que ya no quieren asesinar porque se han vuelto cómodos y han perdido el vigor juvenil y entonces prefieren cambiar por la vía pacífica lo que preferirían cambiar por la vía violenta. Sólo eso. No han comprendido a Juan Pablo II. O mejor, no quieren comprenderle

Eulogio López

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