Sr. Director:
El ministro de Justicia anunció la intención del Gobierno de retirar los símbolos religiosos de las escuelas públicas en el marco de un claro deslinde entre el fenómeno religioso y la laicidad del Estado.

El ministro que pasaba por ser un político moderado y dialogante, sin embargo, nadie es capaz de sustraerse a la ola de dogmatismo ideológico que Rodríguez Zapatero ha puesto en marcha para ocultar su fracaso ante la crisis económica. En la órbita de su jefa política, la vicepresidenta Fernández de la Vega, el titular de Justicia insiste en el objetivo de una reforma -inoportuna e innecesaria- de la Ley de Libertad Religiosa.

En ese contexto, plantea la supresión del Crucifijo en la escuela, siempre con un tono de aparente objetividad y con la peculiar excepción de los bienes de carácter histórico-artístico, los cuales -concede generosamente- no podrán destruirse.

Estamos empezando el curso académico, hemos acabado un verano caracterizado por la violación de niñas por parte de adolescentes y los tumultos de Pozuelo, acabamos de ver los últimos resultados que en materia educativa a publicado la OCDE, vemos a la juventud sin ningún modelo, bueno al menos tenían el que hasta ahora ocupaba un lugar en el aula, el crucifijo. Si este también desaparece. Sin valores y sin referentes ¿cómo puede acabar la juventud? Tendremos una escuela sin crucifijo, es decir, sin referente.

José Morales Martín

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