A partir de 2014, la Administración Estatal de Radio, Cine y Televisión de China ha prohibido que se adquieran los derechos de más de un programa de televisión extranjero al año.

Estos programas no se podrán emitir en horario «prime time», entre las 19:30 y las 22:00 horas, durante el primer año en el que haya sido importado, sólo se aprobará la emisión de un «talent show» cada tres meses, y también se ordena que durante siete horas y media no se emitan series de ficción o programas de entretenimiento, que serán sustituidos por noticias, espacios educativos y de orden público.

«Para nosotros va a ser difícil: ¿cómo vamos a rellenar tantas horas de emisión Muchas cadenas están acostumbradas a emitir series, concursos, magazines y películas de otros países», afirmó un directivo de una cadena china al periódico «Nanfang Dushibao».

No fue la única reacción dentro del país. Un profesional de los medios de comunicación ha afirmado que «regular el entretenimiento televisivo es algo propio de la era maoísta» y en la mayor red social china, Weibo, muchos criticaron la medida, que calificaron como «una nueva revolución cultural».

Detrás de esta decisión hay razones políticas y económicas. Alarmados por los muchos programas extranjeros se teme que «contaminen» a una juventud cada vez más permeable con el «reality» «American Idol», cuya versión local, «Chinese Idol», goza de gran audiencia y la participación de los anunciantes.

Se impulsarán programas que sigan las consignas del Partido Comunista. Con esta medida se quiere proteger a la Televisión Central de China (CCTV),

En la provincia china de Henan se emitió el programa «Entrevistas antes de la ejecución». La presentadora, Ding Yu (en la imagen), entrevista a los asesinos, violadores, traficantes de drogas y condenados por corrupción, minutos antes de que fueran ejecutados. Durante la misma,  la presentadora insulta a los reos. El programa, que era seguido por más de 40 millones de espectadores, fue cancelado por la presión que ejerció la comunidad internacional (Fuente: La Razón).

Clemente Ferrer
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