Antes fue en el Reino Unido, o en Estados Unidos: ahora toca en Alemania: dos abogados bávaros intentan que el Tribunal Penal Internacional juzgue a Benedicto XVI por pederasta. El objeto final del Nuevo Orden continúa siendo el mismo: ilegalizar a la Iglesia y encerrar a Benedicto XVI en el Vaticano  

 

Lo cuenta Religión Digital, con exquisita objetividad, que es cuando los periodistas nos comportamos de forma más subjetiva y, sobre todo, menos ecuánime. Dos abogados bávaros, paisanos de Benedicto XVI, acusan al Papa de crímenes contra la humanidad, por ocultar la pederastia clerical, por la negativa al uso del condón y por coacción a sus miembros. ¡Toma ya!

Al parecer, los dos letrados pertenecen a una secta con revelaciones propias incluidas y contactos con extraterrestres, lo cual siempre resulta pintoresco y aleccionador, además de útil para entretener las tediosas tardes de invierno. Pero no conviene tomar a broma a estos friquis. No es la primera que vez ocurre ni será la última. Lamento tener que decirlo aquello tan pedante de ya se lo advertí, pero está claro que el Nuevo Orden Mundial (NOM), en su versión new age no pretende eliminar a la Iglesia sino conquistarla y/o sustituirla y, por tanto, estaba claro que se trata de utilizar una de las mejores armas del NOM, el derecho internacional, para situar a la iglesia don se pretende: en la ilegalidad. Un escenario del Papa encerrado en el Vaticano preso de inmunidad diplomática no es mala forma, y muy democrática, de neutralizar la evangelización, es decir, neutralizar a la iglesia.

A la progresía le encanta judicializarlo todo: la política, las relaciones internacionales, la economía, la información, etc. La judicialización se vende bien porque el acusador se presenta como defensor, es decir, el verdugo como víctima, y porque una curiosa perversión modernista ha creado la imagen popular, verdaderamente venenosa, de que justicia es lo que se hace en los tribunales. Uno se pregunta cómo es posible creer tal cosa cuando la institución menos querida por los ciudadanos, al menos en España, es, precisamente las justicia. Las imágenes populares no tiene por qué coincidir con el sentí popular que sigue pensando con la sabia maldición gitana: tengas juicios y los ganes-, pero se imponen a través de los medios.

Además, en un mundo que dice no creer en la verdad, en un mundo relativista, es evidente que la única norma moral son las sentencias judiciales. Lo ya dicho: que necesitamos 10 millones de leyes para sustituir a los 10 mandamientos y, aún así, el éxito de la sustitución se espera a cada momento pero nunca llega.

Volviendo al intento de sentar a Benedicto XVI ante la Corte de La Haya. Lo más gracioso es que estos fiscales sectas acusan a la Iglesia de exactamente lo mismo que la prensa progresista, lo mismo que el lobby feminista y el lobby gay: si usted se opone al condón está provocando millones y millones de víctimas el genocidio salta a la vista-.

Es lógico porque nada agradaría más a la atmósfera dominante en La Haya que juzgar al Papa una vez se consiga encausar a Gadafi, a los matarifes serbios o a cualquier otro asesino lunático. Imagínense lo que disfrutaría nuestro Baltasar Garzón como adalid de la causa contra el pérfido tirano de la colina Vaticano, un evidente genocida, autor de crímenes contra la humanidad, el Hitler redivivo y, principalmente, vicario de Cristo.

Algunos videntes aseguran que Benedicto XVI es el segundo de los tres últimos Papas. A los videntes, no a los chalados, hay que hacerles caso en el mensaje que transmiten, no en el calendario que aportan; en el fondo, no en el morbo y todo ello siempre que no contradiga el mensaje del encausado, el Papa de Roma. Pero sí es cierto que este empecinamiento en anular al Vaticano mediante un fallo judicial es mucho más sutil que la obsesión de Napoleón por encarcelar al Pontífice. Esto es mucho más sutil.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com