Sr. Director:

La expresión "el tiempo es oro", supone una total inversión de la jerarquía entre los medios y los fines, entre el ser y el tener. En el fondo es un tosco materialismo la reducción de la temporalidad a su dimensión cuantitativa, un hecho que fue posible gracias a la aparición de los relojes mecánicos primero, y siglos después al reloj del pulsera, que prácticamente todos llevamos.

Así, la medición del tiempo nos llevó al recuento del tiempo y su racionamiento. Con todo ello, la eternidad dejó poco a poco de servir como medida y foco de las acciones humanas. Hoy vivimos cronometrados, a veces corriendo, materializados. Se come y se duerme no al sentir hambre o cansancio, sino cuando el reloj lo indica.

Al que quiera vivir el contraste entre la vida vivida al segundo y la eternidad como horizonte, le animo a realizar el Camino de Santiago.

Y, a ser posible, sin reloj.

José María Pérez Pérez

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