La ley Wert de Educación, como asegura a Hispanidad Luis Carbonell (a quien, por cierto, ayer no entrevistó RTVE, aunque sí al menos representativo líder de CEAPA) se queda corta. No llega a plantear el cheque escolar, es decir, el paso definitivo que ni izquierda ni derecha quieren dar: que los padres decidan dónde y cómo se educan sus hijos. O sea, libertad de enseñanza.

En cualquier caso, la huelga de ayer, violenta, chulesca, donde se han apuntado toda la izquierda y la ultraizquierda, no es más que un nuevo montaje de los radicales amamantados por los radicales del Congreso, siempre Izquierda Unida y grupos nacionalistas y, a veces, muchas veces, el propio PSOE.

La mayoría de los padres y alumnos no querían huelga. La mayoría de los profesores de la enseñanza privada y muchos de la pública tampoco. Los que amamantan toda la tensión son los ultraizquierda violentos y los profesores que han perdido sus puestos de trabajo en la enseñanza pública con los recortes en ningún caso más necesarios que en Educación. Sí, no se me escandalicen, el problema educativo no es de dinero, sino que alude a la misma carencia de la sociedad desinformada y poco formada. Es decir, una sociedad moralmente enferma.

El mundo del futuro se caracterizará -o debería- por el cheque escolar para la enseñanza primaria, secundaria, de bachillerato y FP y por una enseñanza superior de mucho más alto coste para el alumno.

Es el síndrome Tohil Delgado (en la imagen), ese alumno de 28 años con un currículo impresionante como forjador de grescas. El amigo Tohil defiende a otros protestantes de profesión, como Ada Colau, Sánchez Gordillo, sindicatos de clase, etc. La verdad es que la educación les importa una higa: simplemente, su profesión es protestar y romper algún escaparate.

Pero, en cualquier caso, que no me digan que esta huelga se hace para mejorar la calidad educativa. No utilicen a los discentes. Para algunos de los alborotadores era una huelga política, es decir, una huelga para obtener resonancia ideológica o medro político. Para otros, no es más que una defensa de sus intereses económicos. Ni más ni menos.

Eulogio López

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