Hay que llegar hasta las mismas puertas del infierno para salvar un alma pero conviene quedarse en el umbral, aunque el alma salvable sea la del mismísimo Eugenio Scalfari (en la imagen), hoy convertido en el rey de los periodistas italianos, sucesor de Indro Montanelli. Uno y otro fueron, Scalfari es, radicales a la italiana, es decir, capitalistas y ateos, aunque lo de  Montanelli tengo entendido que terminó de otro modo. A Scalfari le ha bastado defender el divorcio y el aborto para ser considerado un simpático modernista.

Pues bien, tras el intercambio de cartas y artículos, Scalfari se ha reunido con el Papa Francisco y se ha montado el gran follón, encarnado en entrevista periodística. El Nuevo Orden Mundial (NOM) y su portavoz, la prensa progresista occidental, han acelerado el secuestro del Papa Francisco. La crónica de La Vanguardia es un fiel ejemplo de cómo hasta el periodismo catalán, mucho menos apriorístico que el madrileño cuando habla de la Iglesia, colabora a esta madre de todas las confusiones.

Créanme, lo mejor es que se lean el texto completo de la charla antes que las interpretaciones del progre Scalfari:

Detalles para la confusión:

1.- El proselitismo es malo. Scalfari insiste en que el Papa lo reprueba. Si por proselitismo significa entender la evangelización como la captación de socios, propia de una entidad cultural o de un partido político, en efecto, el proselitismo es malo.

Ahora bien, cuando un misionero, o un padre de familia, evangeliza, está animando a su grey o a su prole a que se decida por Cristo, que es como cada cual se 'afilia' a la Iglesia.

Lo que el Papa Francisco quiere decir es que no hay que instrumentalizar ni la familia ni la amistad. No vale todo con tal de ganar adeptos, por lo que veremos en la segunda gran confusión: porque el hombre ha sido creado libre. Pero desear y promover que todos amen a Cristo no es proselitismo. Es seguir el mandato del Fundador: "Id y haced discípulos míos a todos los pueblos" (Mt 28, 19). Por pura coincidencia, uno de los lemas de la reciente Jornada Mundial de la Juventud presidida por el Papa Francisco.

2.- La libertad de las conciencias. Claro, el hombre es libre, porque Dios le ha creado así. El gran enigma de la creación consiste en esa libertad: Cristo no quería que la amaran robots programados, ni animales fieles, como el perro, que no puede odiar a su amo. Cristo sólo acepta la libertad de los hijos de Dios, aquéllos que le aman porque les da la realísima gana. Dios ha dotado al hombre de libertad para negarle y para odiarle.

Pero eso no significa que la verdad no exista o que existan varias verdades ni que el sí valga tanto como el no. ¿Verdad absoluta Claro, la verdad o es absoluta o no es verdad, por definición.

3.- Vamos ahora con la frase más repetida del Papa Francisco en la entrevista y la más utilizada y manipulada: "Cada cual tiene una idea del bien y del mal y debe elegir seguir el bien y combatir el mal como él lo entienda. Bastaría esto para mejorar el mundo".

Por supuesto que sí. Es lo que ha enseñado la Iglesia desde siempre. La Iglesia católica se ha cansado de repetir que el hombre coherente con su propia conciencia, aunque ésta sea errónea, puede salvarse. Pero también han repetido hasta el hartazgo que ese mismo hombre tiene la obligación de buscar la verdad, de formarse una recta conciencia. Y la experiencia vital de todos los santos que en el mundo han sido, asegura que cuando un hombre busca la verdad, es decir, a Cristo, indefectiblemente le encuentra... porque Él también anda a la búsqueda permanente de cada hombre.

4.- Según Scalfari, el Papa se confiesa anticlerical. Y yo me apunto. Como periodista me encuentro más a gusto en las redacciones que en las sacristías (que no ante el Sagrario). Es más, nunca me he entendido con los curas ni con la jerarquía eclesiástica, y siempre recuerdo la respuesta del Papa Pío VII, prisionero de Napoleón, a quien el emperador amenazó con destruir la Iglesia: "Imposible excelencia -fue su respuesta- ni nosotros mismos lo hemos conseguido".

Sin embargo, el propio Papa Francisco, un convencido de que las grandes aberraciones siempre se comen al lado del altar (Clive Lewis), por aquello de que la corrupción de lo mejor es lo peor, 'democratiza' la Curia con el nombramiento de un G-8... compuesto por ocho cardenales, no por ocho curas de pueblo, ni por ocho madres de familia ni por ocho 'cristianos de base'. "Cuando tengo un clerical delante me vuelvo anticlerical". Scalfari utiliza estas palabras del Papa Francisco como la demostración sobre la 'nueva Iglesia' que vende el NOM. No me parece. A mí me ocurre lo mismo y soy un hincha de la Patrística, una cosa cavernícola para los progres. Mi lema siempre ha sido: cuanto más lejos de los curas mejor. Los presbíteros, sólo para administrar sacramentos y para enseñarme el catecismo.

Y, sobre todo, soy un convencido de que el mayor clericalismo actual no se da en el Vaticano, aunque ande bien surtido de sotanas, sino en la 'iglesia de base'. Observen que no hay nada más clericalón que la progresía, experta en derecho canónico, currícula clericales y tendencias políticas de los monseñores.

Veo al Papa Francisco como un santo que ha entrado en la jaula de los leones. Es su deber y confieso que yo no sería capaz de hacerlo: a los leones del NOM prefiero bombardearles desde la distancia porque me consta que tienen muy mala leche. Por eso han elegido Papa a Bergoglio y no a mí.

Y siguiendo con la imagen, insisto en que estamos ante un Papa mártir. Puede serlo a la manera tradicional, derramando su sangre por Cristo. Y no me extrañaría que esto ocurriera porque el león progre también pueda adquirir la forma de una víbora que se aproxima a su víctima con sinuosos y pacífico ademán.

Pero existe otro martirio: el de su secuestro a manos de quienes manipulan su mensaje. Es una forma de martirio más sutil y más peligros para los católicos, a los que percibo un pelín confundidos, no por el Papa Francisco, sino por sus interpretadores. ¡Qué peligro!

Un consejo: lean ustedes la entrevista completa. Scalfari la concluye con el siguiente epigrama. "Este es el Papa Francisco. Si la Iglesia se vuelve como él la piensa y la quiere habrá cambiado una época".

No, no habrá cambiado ninguna época porque las épocas no cambian. Lo que debería haber concluido es que si la Iglesia hace lo que el piensa, que es lo que el Cuerpo Místico de Cristo ha pensado siempre, la humanidad cambiaría. Y más nos vale que lo hagamos con celeridad, porque, de otra forma, la época seguirá siendo un año más en el calendario pero a lo mejor la que no aguanta es la humanidad actual. En cualquier caso, para librarnos de la quema debemos hacer lo que piensa Francisco, no sus interesados hagiógrafos progres. Y lo que piensa Francisco es lo mismo que pensaba Benedicto XVI, Juan Pablo II, Pablo VI, Juan XXIII, etc., etc., etc.

Eulogio López

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