El primer ministro británico, David Cameron (en la imagen) demostró lo que es: un niño rico de Eton, con más aristocracia que nobleza y más esnobismo que corazón. Y, naturalmente, todo un agnóstico procedente de la clericalona Oxford.

Su discurso, tras el degollamiento del soldado Lee Rigby, fue el propio de un hombre dominado por el Síndrome de Estocolmo. Mantengamos la calma. En esa palabra puede resumirse todo su mensaje al mundo, pero las tautologías -siempre es bueno mantener la cabeza fría, especialmente cuando bulle el ambiente- sirven para poco.

Mire usted, no nos vale con que algunos grupos islámicos, no todos, condenen la salvajada. Si quieren vivir en Europa tienen que colaborar con los europeos y denunciar todo asomo de fanatismo en sus filas. Y si no -lo digo yo que, como cristiano, soy partidario de las fronteras abiertas- a los musulmanes habrá que expulsarles. A menos, hasta que no se consiga la necesaria reciprocidad entre Oriente y Occidente en materia de libertad religiosa, que es la clave del 'diálogo de civilizaciones'.

Dice el premier que el atentado ha sido una "traición al islam". Hombre, de entrada ha sido una traición a Lee Rigby. Yo creo que no, creo que la propia filosofía islámica, una triste caricatura del amor cristiano convertido en moral rígida, sin asomo de misericordia, con un Dios Creador pero no Padre, está la semilla de las aberraciones, también el asesinato de Londres. Sí, el Islam lleva en germen lo que ocurrió en Londres.

Ojo, el salvaje bocazas aspirante a vedete televisiva y con las manos ensangrentadas se llama Michael y nació cristiano. Hay que ser muy idiota para pasar de la única cosmovisión racional existente sobre el planeta y de un credo de misericordia como es el cristiano, a una triste caricatura externa del mismo, pero lo malo no es eso. Lo malo es que este sujeto nació cristiano, en una familia cristiana. El Islam es un problema grave en sí mismo, pero el cristianismo occidental tiene un problema grave: que es poco cristiano.

Cameron ha hecho un papelón... propio de un niño pijo de Eton lleno de miedo por falta de convicciones.

Eulogio López

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