Está muy preocupado el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama por la crisis de la prensa norteamericana, que no es tal prensa, sino todopoderosos multimedia de prensa, radio y TV.

Es decir, el oligopolio de unos señores de la prensa (antes había señores de la guerra, pero hoy los verdaderos señores son los de la prensa) que ya no se llevan mal con el poder porque nadie mantiene una disputa prolongada consigo mismo: ellos son el poder, poder económico, poder de influencia, es decir ideológico, político y cultural. ¿Quién es el más poderoso hoy en día? El editor.

Naturalmente, poder no supone popularidad y a medida que los grandes multimedia han sido creciendo en tamaño y controlando más espacio, se han ido alejando del público al que debían servir: ya sólo sirven a sus intereses y a aquellas instituciones que les otorgan licencia de radio y TV en un mundo concesional (que no viene de conceder, sino de concesiones públicas).

El problema es que los multimedia están en quiebra, un pequeño detalle que sólo importa a algunos liberales empecinados que aún creen que cuando alguien está en quiebra debe quebrar.

Pero Obama es un hombre que está con los pobres, por eso, no ha dicho que vaya a dedicar dinero público a salvar a editores millonarios. Sí, de hecho se les va a dar el dinero a ellos, dinero del pueblo, pero, al igual que hizo con los banqueros de Wall Street, lo hace por el bien del pueblo, para que los banqueros puedan devolverles sus ahorros.

El sistema informativo saltó por los aires cuando el tal pueblo, el comprador, se cansó de pagar para que el oligopolio, ora de izquierdas ora de derechas, le lavara el cerebro. Bueno, y cuando llegó a Internet que es la democracia de la información, un paraíso de la libertad donde cada cual puede jugar a ser Polanco. Y Pasábamos así de una prensa libre a unos lectores libres, porque también eran escritores y podrían exponer sus mensajes en el mismo escaparate que los oligopolistas. Naturalmente, a los oligopolistas no les ha gustado. Lo último que falta en una democracia es que el pueblo sea el protagonista. Así no hay quien gobierne.

En pocas palabras, Obama ha dicho que ayudará al oligopolio porque, de otro modo, el mundo será de los blogueros, es decir de Internet. Y eso no puede ser, claro, porque al pueblo no hay quien le controle -como a Internet- mientras que con media docena de señores de la prensa, la media docena de políticos y la media docena de multinacionales, siempre pueden llegar a un acuerdo sobre qué es políticamente correcto, o sea, sobre lo que se puede decir y lo que no se puede decir. Hemos pasado -bueno, todavía estamos en él- de un sistema oligopolístico de pocos emisores y un masa de receptores a otro bien distinto, el internetero, donde existe una masa de editores y una masa de receptores coincidentes.

Por lo general, el poder, o sea Obama y los grandes editores, acusan a Internet de falta de rigor. Ahora bien, sobre esta acusación hay que aclarar dos cosas:

1. El rigor no es lo mismo que la verdad. De hecho, son dos conceptos que la modernidad ha ido alejando gradualmente y ahora se encuentran a años luz. De hecho, los señores de la prensa, el sistema de pocos emisores y público masivo, manipula con rigor, fórmula química que se expresa así: dicen la verdad, nada más que la verdad pero no toda la verdad. De hecho su verdad es escasa, interesada, formulista y burocrática.

El periodismo universal, o ciudadanos, o bloguero, en resumen, el periodismo independiente de la red, es menos riguroso. Tiene menos medios por lo que mete la pata con más frecuencia.

La crítica de Obama a los medios de Internet es interesada pero también un poco tonta. Los que identifican rigor y verdad son como esos sesudos críticos modernos que desprecian a Aristóteles, probablemente la mente más penetrante que haya existido, porque sólo supone reunir 500 especies animales -muy poco riguroso, por su parte- cuando existen decenas de millones. Tamaña falta de rigor no quita verdad al estagirita, salvo por los tontimodernos que acusan al periodismo electrónico de falta de rigor. Por ejemplo, a Obama.

Y a todo esto, ¿es Internet una selva donde el receptor queda desarmado? No, porque el receptor puede convertirse en emisor y porque, mucho ojo, la certeza de una información no depende de las fuentes que se citan (¿Cómo va a depender de eso si el 99% de las fuentes que se citan son fuentes anónimas?) sino en la coherencia interna del texto.

No se preocupen de las faltas de rigor -que las tiene- del periodismo bloguero; preocúpense del muy riguroso interés del oligopolio informativo.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com