Algo está cambiando las cosas en el mundo respeto a Honduras. Lo peor: los muertos, en este caso seguidores de Manuel Zelaya.

Supongo que Hugo Chávez debe estar feliz de ello. Ahora mismo, sólo los charcos de sangre pueden conseguir que el pequeño país centroamericano, que ha sabido resistir una feroz presión internacional, tanto de los revolucionarios orientales como de la progresía occidental, caiga en la dictadura democrática que prenden Chávez, Correa, Cristina Fernández de Kirchner, Evo Morales, así como Nacionales Unidas y la OEA.

Si observan ustedes nuestro resumen de Radio y TV, se diría que la óptica ha cambiado en una semana. Antes sólo había negros y blancos: golpistas de corte fascista frente al inmaculado Mel, un demócrata de pies a cabeza. Ahora la opinión pública comienza a cambiar, a girar, a matizar, a discutir: ahora hay muchos grises. Se vislumbra la figura del tirano democrático, el dictador que llega al poder por métodos legítimos y, a partir de ese momento, intenta arramblar el sistema de libertades. ¿Se figuran ustedes que el Tribunal Constitucional echara abajo el Estatut catalán y ZP siguiera adelante con él? Pues eso es lo que ha hecho Zelaya. Ahora lo urgente es que Roberto Micheletti evite la violencia y convoque elecciones cuanto antes. Eso sí, manteniendo la limitación de mandato en el poder. Y de paso, lo importante es que el mundo -por ejemplo España, que no posee tal norma y sí posee un presidente deseoso de eternizarse en Moncloa- tome buena nota de que sin limitación de mandato no puede hablarse de democracia plena.

No es Honduras la que se ha hundido en la vergüenza: es Occidente.

Eulogio López

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