El problema del matrimonio entre un-a cristiano-a y un-a agnóstico-a, o simplemente entre una persona, hombre o mujer, sensato, que cree en el compromiso y en el matrimonio indisoluble con otro-a de talante más "liberal" es que el cónyuge menos sensato se dedica a chantajear a su pareja con gran entusiasmo. La fórmula puede resumirse así: o haces lo que yo te digo o rompo la baraja. Y lo más normal es que el chantaje se prolongue durante toda la vida.

 

En pocas palabras, el cónyuge progresista aplica a su comprometida media naranja, las técnicas del excelentísimo ex presidente de los Estados Unidos, Lyndon Johnson: "Agárralos por los testículos y tendrás sus cabezas y sus corazones". No, Johnson no era poeta, sus conocimientos eran preferentemente bélicos (fue el presidente norteamericano más entusiasmado con la guerra del Vietnam) y sus próximos decían de él que era capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo: hablar y mascar chicle.  Pero lo cierto es que con su lírica frase andaba cargado de razón. 

 

Miren a su alrededor: seguramente encontrarán ejemplos a mansalva de matrimonios-chantajes. Y lo malo es que no se me ocurre ninguna solución al problema. Me limito a describirlo.  

 

A partir de ahí, quiero creer que doña Letizia Ortiz Rocasolano, no practicará, a partir del próximo día 22, el chantaje con el futuro Rey de España. Habrá que insistir: la Monarquía es un sistema de Estado como cualquier otro, de difícil encaje en un mundo controlado por Estados supranacionales, pero sigue siendo una obra de la historia y, sobre todo, una referencia moral para el mundo actual. Lo que haga el Rey es ejemplo para muchos y espejo para todos. Este país puede permitirse muchas Lady Di, y muchos Carlos de Inglaterra, pero no sin pagar un precio muy alto por ello. Un precio moral. Por el momento, a dos días del matrimonio, doña Letizia, futura reina de España, no ha dado señal alguna de cambio en su biografía. Todo parece terreno abonado para que se haga realidad la famosa frase de "Juan Carlos I, y último".

 

Pero hay otro aspecto preocupante en esta boda: con el futuro Felipe VI está surgiendo una nueva generación, una nueva Corte, que podíamos llamar la Corte de los divorciados. La generación en la que va a apoyarse el futuro Felipe VI no tiene nada que ver con la de su padre. Podríamos decir que de Juan Carlos a Felipe, la Monarquía española pasa del veterano ABC (el actual es mucho más moderno, dónde vas a parar, con los Ybarra y los Bergareche en el timón de mando) a El País, del matrimonio indisoluble al matrimonio sucesivo y de la inspiración cristiana a los principios progres de la nueva clase de millonarios (casi todos ellos van por la segunda o tercera esposa). 

           

Pero, ojo, no conviene confundir esto con la popularidad. Pero aquí hay que hablar de dos tipos de popularidad, de dos sociedades, de dos Españas: la real y la mediática. En la España real, no hay más que pasear por un mercado o viajar en autobús. El pueblo es sabio, y sea más o menos religioso, en principio, no le gusta una reina "recasada". Los comentarios de la calle van por ese lado.

 

Pero hay otra España, la mediática, controlada por el progresismo, y esa está empeñada en hacemos tragar con el actual matrimonio. Y lo conseguirá. Lo consigue siempre. No es que los medios informativos cambien la sociedad, pero sí producen el espejismo de cambio. La gente, en verdad, sólo cambia de opinión  boca a oído, en uso de su libérrima voluntad, porque le da la gana. La sociedad mediática es la de las folclóricas. Por decir algo: la Belén Esteban de turno provoca espectacular repulsión entre la mayoría, pero cuando aparece por un aeropuerto con una cámara detrás, la gente puede hacer corro para saludarle, incluso con servilismo.   

 

Veremos cuál de las dos popularidades consiguen la pareja de herederos al Trono de España y quién formará la futura Corte. Si hemos de hacer caso a los medios, la futura Reina cuenta con el apoyo entusiasta de todos los españoles. De hecho, el hombre más poderoso de España, un tal Jesús Polanco, ha puesto su escuadra mediática a disposición de Felipe de Borbón y su futura esposa.

 

Eulogio López