Para estar en la selección nacional de Fútbol, por más señas, campeona del mundo, no sólo hace falta ser un buen futbolista sino también ser un buen deportista, con las virtudes ya olvidadas que jalonan esa condición:
esfuerzo, disciplina, sacrificio, camaradería y ejemplaridad para los chavales.

Yo creo que el actual pichichi de la liga, Diego Costa (en la imagen) no las posee todas, pero supongo que las puede aprender con Vicente del Bosque, que algo sabe de deportividad.

Costa aspira a jugar en la selección española y para eso se ha nacionalizado español. Se entrevistó con Del Bosque, y en ese momento cambió su discurso:
de deseador a deseado. Así que a este matoncillo del césped se le subió la sangre a la cabeza y se le bajó la humildad a los pies y exhaló una boñiga en un doble mensaje:

1.- Dio por hecho que Del Bosque le había llamado a la Selección y ahora, el muchacho 'se lo va a pensar'.

2.- Exige que se le reciba bien, con alfombra roja imagino, y gran entusiasmo.

Como España es un gran país formado por lelos, enseguida acudió Silva a decirle que le recibirían bien y el propio Negredo, triunfador del pésimo partido de la Roja en Albacete frente a Bielorrusia, asegura lo mismo: que
están dispuestos a recibirle con los brazos abiertos.

Hay que ser idiotas. A la Selección se viene con entusiasmo y gratitud. Sobre todo gratitud. Y si no, ni viene ni se le llama, don Vicente. Aunque fuera mejor que Messi que, sinceramente, no lo es.

Esto recuerda aquello de Iríbar que, una vez conclusos sus buenos años como guardameta, cuando ya era un vejestorio artrítico, se volvió independentista euskaldún y aseguraba que no acudiría a la Selección española si le llamaba. Naturalmente no le llamaron y se murió de asco porque también en su Athletic comprendieron que debían hacerle el correspondiente partido de homenaje.

¿Seleccionar a Diego Costa Que le seleccione Brasil. España debe vender más cara su identidad.

Eulogio López

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