La miseria del capitalismo financiero -el financismo es la consecuencia lógica, última y repugnante del capitalismo salvaje- se percibe cuando pasa al terrorismo directo. Por ejemplo, ahora mismo, en España, cuando pretende cargarse a las cajas de ahorros, la mejor aportación financiera española, de la Iglesia católica, principalmente, aunque también de ayuntamientos y entes locales, al mundo bancario internacional.

El jueves, el Parlamento mantuvo el esqueleto de la Ley Guindos sobre cajas de ahorros. El titular de Economía no quiere otra cosa que sociedades anónimas, bancos y además grandes, en el universo financiero. En toda Europa ocurre lo mismo con este invento español.

Primero: no se les permite crecer, se les pone topes. Segundo, se les exige unas condiciones de capital, es decir, una esclavitud respecto a los mercados, aún mayor que a los bancos. No podrán tener industrias con lo que la industria estratégica española se está quedando huérfana. La Obra Benéfico Social (OBS) queda reducida al mínimo: aquí lo único que importa es el dividendo.

Los cajeros no podrán ser banqueos. Pues se van a cargar los pocos cajeros que han sido capaces de mantener una OBS digna de tal nombre. Sobre todo Isidro Fainé (en la imagen), responsable de Caixa y Mario Fernández, responsable de Kutxa.

Eso sí, hay algo que distingue a banqueros y cajeros. Los banqueros -los presuntos buenos- cobran 10 veces más que los cajeros -los presuntos malos-.

Somos así de idiotas.

Eulogio López

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