• La mezcla de ficción y realidad es un debate polémico por lo difícil que es establecer los límites entre una y otra. Donde más sucede es en el mundo de la literatura.
  • Precisamente Strauss-Kahn ha denunciado a un escritor que lo usa como personaje en su último libro y recrea su escandaloso episodio con una camarera en un hotel neoyorkino.
  • El popular presentador de La Sexta estrenó Operación Palace el pasado domingo, de tal forma que su creación coincidió con el acontecimiento en el que se basa, el 23-F.
  • El producto televisivo arrasó en las redes sociales y tuvo detractores y defensores a partes iguales.
  • Pero el planteamiento no es nuevo, ya lo usó Orson Welles en La guerra de los mundos y William Karen en Operación Luna.
  • Un acto más de la cada vez mayor manipulación a la que estamos sometidos, aunque afortunadamente en esta ocasión nos contaron que nos estaban manipulando.

Mezclar ficción y realidad es algo delicado de hacer y en demasiadas ocasiones genera un polémico debate por la dificultad de establecer los límites entre una y otra. Entre ambas a veces existe una delgada línea roja también en cuestión de derechos, pues puede surgir el conflicto entre el derecho al honor y a la intimidad de las personas frente a los derechos a la información, a la libertad de expresión y el de creación literaria. Ya Miguel de Cervantes defendía que se podía escribir todo, "sin daño de terceros".

A pesar de estos inconvenientes y dificultades, la mezcla de ficción y realidad es una técnica muy utilizada en la literatura, pues son muchas las historias que se basan en hechos reales o se inspiran en personajes de la realidad. En ocasiones también son protagonistas en los tribunales. Precisamente el ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, ha denunciado al escritor Régis Jauffret, por haberse inspirado en él para un personaje de su novela La ballade de Rickers Island y recrear el escandaloso episodio con la camarera Nafissatou Dialo en un hotel de Nueva York, según informó El País el pasado lunes.

Pero la mezcla de ficción y realidad no solo se produce en la literatura, sino también en otros ámbitos, como el audiovisual, precisamente la última muestra de esto la tuvimos el pasado domingo con el falso documental Operación Palace de Jordi Évole (en la imagen). Una pieza sobre el 23-F que ha reabierto el debate de si en ficción vale todo. La expectación creada unas semanas atrás hizo que muchos cayéramos en la tentación de verlo, pero el resultado no pudo ser más sorprendente, pues en realidad se trató de un falso documental, es decir, de una mentira de principio a fin. 

Esta creación del popular presentador de La Sexta presentó una versión falsa del 23-F, en la que contó que el golpe fue una artimaña orquestada por los agentes políticos

Durante algo más de una hora la emisión fue contando paso a paso los hechos, apoyándose en los testimonios de personas con una reconocida credibilidad como los periodistas Iñaki Gabilondo y Fernando Ónega, y también en los de distintos políticos.

Esta creación del popular presentador de La Sexta presentó una versión falsa del 23-F, en la que contó que el golpe fue una artimaña orquestada por los agentes políticos, el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) que es el predecesor del actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI) e incluso la Casa Real. Una trama dirigida por el director de cine José Luis Garci y que se empezó a gestar en la habitación 302 del Hotel Palace, de ahí el nombre de la pieza creativa. Además planteó que casi todos estaban enterados, excepto el militar Antonio Tejero, que fue, según este falso documental, un mero títere.

Al final de la emisión se anunció que todo lo que habíamos visto y oído era mentira

Los argumentos de Operación Palace dibujaron una historia completamente distinta a la que conocemos del 23-F, solo una caja blanca y negra durante el discurso del Rey dejó ver la farsa, pues también aparecía en otras imágenes del monarca, como el mensaje de Navidad o la caza del elefante en Botswana. Al final de la emisión se anunció que todo lo que habíamos visto y oído era mentira. Las redes sociales fueron un hervidero y se llenaron de comentarios con un total de 267.505 y trendic topics.

Jordi Évole no ha sido nada original en su planteamiento

El producto televisivo generó defensores y detractores a partes iguales, pero hizo mucho más, pues encendió el debate de si vale todo a la hora de hacer ficción. ¿Es correcto jugar con la gente y hacerle creer otra versión de un hecho histórico relativamente reciente Cada cual puede tener una respuesta, pero no podemos olvidar que Operación Palace no juega con cualquier suceso, sino con el ocurrido el 23 de febrero de 1981, en el que estuvo en peligro la tan ansiada democracia lograda solo unos años antes.

Un hecho histórico conocido como "La noche de los transistores" en la que el miedo se hizo patente en muchos hogares españoles. Pero Jordi Évole no ha sido nada original en su planteamiento, pues ha querido repetir algo parecido a lo que ya hizo Orson Welles el 30 de octubre de 1938 con La guerra de los mundos o William Karen en el 2002 con Operación Luna, un falso documental que especuló sobre la llegada del hombre a la Luna.

Operación Palace siembra la confusión e incluso en un debate posterior se siguió cuestionando si el Rey estaba o no enterado

Lo más curioso es que los que no vivimos en primera persona este acontecimiento siempre hemos percibido la figura del Rey como el héroe del 23-F y el que hizo posible que la cosa no llegara a mayores, pero Operación Palace siembra la confusión e incluso en un debate posterior se siguió cuestionando si el Rey estaba o no enterado, pero sin dar una respuesta clara. Esto llama bastante la atención y más cuando La Sexta pertenece al Grupo Atresmedia, que preside José Manuel Lara, amigo del monarca.

"Al menos nosotros hemos reconocido que era mentira lo que hemos contado y seguramente ha habido otras veces que era mentira lo que les han contado y nadie se lo ha dicho", señaló Jordi Évole en su defensa en un vídeo. El presentador traicionó en cierta forma la confianza de los espectadores, pero consiguió lo que quería: tener audiencia y generar debate. Un acto más de la cada vez mayor manipulación a la que estamos sometidos, aunque afortunadamente en esta ocasión nos contaron que nos estaban manipulando. Y es que en estos tiempos abunda la manipulación, a través de múltiples soportes, como los medios de comunicación, las redes sociales y también la publicidad. Algo bastante peligroso.

Cristina Martín

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