• Son los bancos centrales y los gobiernos quienes han creado las llamadas entidades sistémicas, enormes, ingobernables... y a las que hay que salvar a toda costa con dinero público.
  • Además, ¿por qué más exigencias de capital -Basilea III- deben suponer más crédito al sector privado
  • Buena prueba de ello es que los bancos pueden comprar deuda pública sin merma de sus recursos propios... hasta el infinito.
  • Y mientras las entidades dispongan de un negocio seguro y que no consuma fondos propios, la compra de la deuda que emiten los gobiernos, no querrán prestar al emprendedor, que tiene más riesgo.
  • Y los políticos seguirán apalancando a los ciudadanos con emisiones masivas de deuda pública.

Fue muy interesante el discurso del gobernador del Banco de España, Luis María Linde (en la imagen), este martes en el IV Encuentro sobre la Reforma del Sistema Financiero. Se centró, básicamente en tres temas: el nuevo marco que supone Basilea III, el tratamiento de las entidades sistémicas y, por último, unos temas tediosos y farragosos, como todo lo contable, sobre armonización contable internacional y reconocimiento de pérdidas, pero de gran enjundia.

Me centraré en el tratamiento de los dos primeros asuntos, Basilea y entidades sistémicas, porque me reafirmaron en algunas de mis convicciones sobre la actuación de las autoridades en toda crisis bancaria.

La primera de mis convicciones es que aquí ha habido muy poca autocrítica. Bien está que el nuevo marco de Basilea III incremente los requerimientos de patrimonio neto que deben cumplir los bancos porque, como sostuvimos muchos, Basilea II les permitía trabajar casi exclusivamente con recursos ajenos... y así nos ha ido. Bien estaría que, dado que este último acuerdo se tomó en 2004, y que, por ejemplo, entró en vigor en España en 2008, se reconociera el error que supuso por parte de las autoridades su adopción.

La puesta en funcionamiento del nuevo marco, como bien indica el gobernador, reducirá, o mejor dicho, está ya reduciendo, la capacidad de la banca de dar crédito. Sin embargo, no comparto con él la reflexión de que había que ralentizar este esfuerzo por mejorar la solvencia de las entidades para no dañar más el crédito.

No la comparto porque, primero, si como el mismo cambio legislativo reconoce, de manera implícita, hubo error en las exigencias de patrimonio neto a las entidades, intentemos arreglarlo cuanto antes. De hecho, el gobernador Linde apunta que el mercado lo exige de manera más rápida que el calendario previsto y lo exige sólo por una cuestión: nadie quiere prestar a entidades con escasa solvencia, visto lo visto. Vivíamos en un mundo muy apalancado y necesitamos desapalancarnos y cuanto antes mejor. Si el sector privado sufre este proceso de manera dramática, es porque el aumento de patrimonio neto exigible a los bancos es para el crédito privado, únicamente.

La deuda pública sigue pudiendo suscribirse sin necesidad de aportar fondos propios por parte de la banca. Así que la deuda pública, la nueva y la antigua, se convierte en el instrumento en el que las entidades pueden seguir manteniendo altos niveles de endeudamiento (literalmente infinitos), lo que está provocando una burbuja en este activo.

Bien podrían los estados renunciar a ese privilegio de que sus activos no consuman recursos propios y ya verán ustedes cómo el coste, en términos de financiación disponible, se redistribuye entre sector público y privado, además de que subirían los intereses de la deuda pública y bajarían los de la privada. El problema es que el sector público quiere seguir financiándose mucho y barato.

La segunda, es que nuestras autoridades siguen convencidas de que lo que les faltaban eran medios e instrumentos. Así el discurso está lleno de tópicos sobre la bondad de la nueva legislación que, por ejemplo y para el caso de las entidades sistémicas, impone la obligación de "elaborar planes de recuperación y resolución eficaces", que es como otorgar la bondad por mandato constitucional (como en la de 1812). 

El problema de las entidades sistémicas es que ustedes, las autoridades, las han alentado. De hecho, nos explica el gobernador, lo que es muy positivo, todo un conjunto de iniciativas tendentes a evitar la concentración bancaria... pero no llega más lejos: ¿por qué no se obliga a desconcentrar lo que ya ha alcanzado un tamaño excesivo, es decir: todas las entidades que aparecen en el catálogo de sistémicas que han elaborado dichas autoridades

No deja de reconfortarnos, porque en Hispanidad otra cosa no somos, pero sí soberbios, que nos den la razón: menos apalancamiento y menos concentraciones bancarias, porque el tamaño, también en banca, no es importante. Al menos eso cree don Eulogio; yo a veces lo dudo.

Rubén Manso

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