El agresivo programa 'Salvados', de La Sexta, ha obtenido una audiencia de 3.905.000 espectadores según el audímetro de "Supertele" del 28 al 31 de octubre. Para el joven Jordi Évoli (en la imagen), director del programa, el fin justifica los medios, esto es, todo vale con el objeto de lograr más audiencia. Emplea la irreverencia con la Religión Católica, el enredo, la trapisonda, el humor salvajemente hiriente y la falta de respeto a la intimidad de los personas.

La historia del corrosivo programa 'Salvados' empieza en febrero de 2008, con la emisión en La Sexta de dos especiales sobre la campaña electoral; 'Salvados por la campaña'. El incisivo Jordi Évole hace un seguimiento atípico de la campaña electoral.

También entrevista, con una presión envolvente para lograr la información de una trama corrupta, a una concejala del Ayuntamiento de Comas en Santander a la que le ofrecieron un soborno para que se recalificaran unos terrenos. Le entregarían tres pisos y una elevada cantidad de dinero. Su voto era decisivo. Dijo que no a la corrupción. Hoy tiene guardaespaldas ya que, las empresas afectadas, contrataron a dos sicarios para que le rompieran las piernas.

Así mismo entrevistó a un abogado que defendió a un marroquí, en el paro, que iba a ser desahuciado al no poder satisfacer la hipoteca. Llevó la querella hasta el Tribunal de Estrasburgo. Ganó y no fue desahuciado su cliente. El abogado costeó todos los gastos.

En la última temporada, el programa grosero y del mal gusto 'Salvados' entrevistó a Felipe González, Jordi Pujol o Jaume Matas, y realizó programas en los que se han tratado temas como la justicia en España, la crisis financiera, el malestar por los recortes y la financiación de los partidos políticos.

'Salvados' se desplaza a Debabarrena, una comarca del País Vasco en la que la inversión en I D supera a Alemania. O se introduce en un centro tecnológico donde, el vicepresidente de IK4, cuenta cómo chavales españoles ganan concursos en EEUU y Europa haciendo robots. Jordi Évole se emocionó y no pudo contener las lágrimas.

Clemente Ferrer

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