Mario Draghi (en la imagen), el gobernador del Banco Central Europeo (BCE), emula a Ben Bernanke: ha bajado el precio oficial del dinero desde el 0,50% al 0,25%. Es decir, que no cree en la economía europea como la reserva Federal y el Gobierno de Washington no cree en la economía norteamericana, ambas financistas. Y como creen que se va a parar echan más leña al fuego, le dan a la máquina de hacer dinero.

En efecto, con tanta austeridad podemos pasar de una etapa de inflación a otra de deflación -lo que provoca mucho más terror que la subida de precios- y lo cierto es que, si de inflación hablamos, podemos permitirnos rebajar el precio del dinero al 0,0% ó, mejor,  al -1%, lo que resultaría un escenario divertidísimo, con el prestamista abonando al prestatario. ¿Por qué no

Volviendo a la realidad, resulta que la media de Draghi beneficia a los especuladores del mercado -las bolsas subieron al conocerse la noticia- y perjudica la banca no especulativa, que seguirá viviendo de comisiones o tendrá que dedicarse a actividades más especulativas que el negocio bancario doméstico, que con este precio oficial del dinero hace tiempo que dejó de ser negocio.

Pero, sobre todo, la decisión del BCE revela lo mismo que la del Banco de Japón o la Reserva Federal: Occidente no cree en sus economías, mantenidas de forma artificial en el océano de liquidez que hemos creado desde hace 40 años y que propende, no a las crisis económicas periódicas, sino a la crisis permanentes del capitalismo, que podríamos resumir así: trabajamos para los rentistas (quienes, por cierto, al final, también acaban perdiendo) no para los productores.

Es decir, no para la gente de bien.

Eulogio López

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