Asegura la prensa que el Gobierno no tiene ninguna prisa en prescindir del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO). Esa tesis a mí me recuerda lo de la zorra y las uvas.

En efecto, el Gobierno ha dejado de tener prisa en echar a MAFO porque un gobernador está blindado hasta que termine el mandato (le ocurre algo parecido al presidente de RTVE).

Por tanto, Rajoy ha decidido esperar a pesar de que el gobernador ha lanzado la reforma bancaria más costosa y estúpida de todas, la que nos va a resultar más onerosa a los españoles, que son lo que acabaremos por pagar el pato. Además, MAFO ha puesto en práctica una reforma lenta y tramposa. Y en este último adjetivo, el de tramposa, es donde surgen los problemas.

Y es que las cosas las hacen las personas. ¿Qué es lo que está ocurriendo en el Banco de España? Pues que se ha pervertido el sistema. El Instituto supervisor con sede en el caserón de Cibeles, tiene dos funciones (tres, si contamos el Servicio de Estudios): política monetaria –transferida al Banco Central Europeo- y política de supervisión bancaria.

El cuerpo de inspectores del Banco de España gozaba de mucho prestigio en el sector y en toda Europa. Ahora no goza de ninguno. No es que sus componentes se hayan vuelto lelos sino que mandan menos que un gitano en un juzgado. Hace cinco años, cuando entró MAFO, primer gobernador con carné e impuesto por el PSOE, sin consenso, el informe de los inspectores era sagrado. Ahora importan un pimiento. Los jefes del cuerpo se han acostumbrado a inclinar la cerviz ante MAFO y no osan llevarle la contraria. En definitiva, la inspección está politizada, es decir, domesticada. Por eso, la reforma bancaria es un desastre. O al menos, también por eso. Y, sobre todo, es injusta.

Por tanto, el primer cometido del futuro gobernador, que se nombra en julio, sea Manuel Pizarro o Elvira Rodríguez, que son los que cuentan con más posibilidades, debe ser un hombre de prestigio, al que los banqueros respeten –mejor, al que los banqueros teman- pero, sobre todo, que devuelva su función al cuerpo de inspectores, en definitiva, que se dedique a supervisar, no a hacer política. MAFO ha sido para el Banco de España lo que ZP para España: un desastre de proporciones siderales. No es un problema técnico, es un problema ético, de regeneración.



Eulogio López



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