• El Tribunal Constitucional egipcio declara ilegal a la cámara alta del Parlamento.
  • En Turquía, los manifestantes se enfrentan de nuevo a la policía en varias ciudades en otra especie de 'Primavera Árabe'. 
Dos países en la órbita del islamismo sufren distorsiones sociales. Por un lado, en Egipto, el Tribunal Constitucional ha declarado ilegales a la cámara alta del Parlamento egipcio, el llamado Consejo de la Shura, y a la ley electoral por la que se designó la composición de la Asamblea Constituyente, según un dictamen emitido este domingo y que supone un nuevo desafío de la Judicatura al presidente islamista, Mohamed Mursi (en la imagen).

Y es que  muchos de los diputados independientes son contrarios a los Hermanos Musulmanes y suelen recurrir al Tribunal Constitucional. Y el Tribunal Constitucional está enfrentado al presidente al percibir que el Gobierno egipcio intenta coartar sus competencias.

Por otra parte, en la Turquía gobernada por el islamista Tayyip Erdogan se suceden las revueltas sociales en una especie de nueva Primavera Árabe a la turca. Todo empezó cuando unos manifestantes protestaron para pedir la salvación del parque Gezi en Estambul, un objetivo que el jefe del Gobierno tildó hoy de ser mero pretexto. Hoy han seguido los enfrentamientos en Estambul, así como en las ciudades de Ankara e Izmir, entre otras, en lo que supone ya la cuarta jornada de protestas. Pero, en el fondo de las protestas subyace la intención de Erdogan de imponer la Sharia, con lo que ello lleva consigo de recorte de libertades.

En ambos países son necesarias más libertades, especialmente en Egipto la religiosa, claramente disminuida desde la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes.

Andrés Velázquez
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