• Para colmo, ayer se supo que una carta enviada al presidente Obama contenía ricina, una sustancia mortífera.
  • Y por si les faltaba algo a los estadounidenses, este jueves ha explotado una fábrica de fertilizantes en West, causando, según los bomberos, "entre 60 y 70 muertos".
Lo último sobre el atentado en el maratón de Boston, acaecido el lunes, es que los investigadores del FBI han identificado a un sospechoso de colocar una de las dos bombas que estallaron cerca de la línea de meta. Una cámara de vigilancia de una tienda, justo frente al lugar de la segunda explosión, grabó a una persona cuando depositaba una mochila negra, que supuestamente contenía la olla a presión repleta de explosivos y metralla que detonó entre el público al paso de los corredores.

Por otro lado, Washington vivió ayer una jornada de nerviosismo tras conocerse que una carta enviada al presidente Barack Obama (en la imagen) contenía ricina, una sustancia tóxica y potencialmente letal, y detectarse tres paquetes sospechosos dirigidos al Senado. No obstante, el FBI señaló que "no hay indicios" de que la carta dirigida a Obama esté relacionada con las explosiones de Boston. Varios medios informaron que las autoridades de la localidad de Tupelo arrestaron a un sospechoso de haber enviado la carta al presidente y otra similar al senador republicano Roger Wicker. Las dos cartas fueron remitidas desde Memphis, en el Estado de Tenesse.

Y por si les faltaba algo a los estadounidenses, hoy se ha producido un trágico suceso (no atentado). Al menos nueve personas han muerto, ocho han desaparecido y más de 150 han resultado heridas a causa de la explosión que se ha producido en la noche del miércoles en una fábrica de fertilizantes de la localidad de West, en el estado de Texas, según han indicado fuentes oficiales a la cadena de televisión local KWTX. No obstante, los bomberos de la ciudad temen que el balance sea de "entre 60 y 70 muertos".

Pero los estadounidenses ya han demostrado en muchas ocasiones ser un gran pueblo solidario ante los ataques y las tragedias.

Andrés Velázquez
[email protected]