Sr. Director:

La arbitrariedad reina y, argumentando que defienden valores fundamentales, encubren en realidad la defensa de las preferencias políticas del partido reinante.

Hoy en día la crisis moral azota duramente a la familia, el matrimonio y el derecho a la vida. ¿Cómo podemos acatar leyes que sirven al mal y que minan directamente a estos tres pilares?

Soy historiadora y así lo enseño a mis alumnas, en la Alemania nazi de 1935 se redactaron leyes que permitieron aplastar derechos fundamentales de la persona, un grupo político consiguió el poder hegemónico totalitario y trató de configurar el pensamiento de sus ciudadanos.

Ante el mal reinante en aquellos años de la Segunda Guerra Mundial, el futuro Papa Juan Pablo II, entonces Karol, vio una luz en la oscuridad que le devolvió la esperanza y le hizo ser fuerte en medio de aquel imperio del mal.

Años después, muchos hombres y mujeres, que vivieron aquellos acontecimientos históricos de horror nazi y  posterior comunismo cruel consiguieron el triunfo de la libertad, el respeto a la dignidad de la persona, la regeneración democrática y moral, como así quedó recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Estamos a punto de convertir en derecho acabar con una vida humana. El aborto no es ni puede ser nunca un derecho. Lo que es un derecho es el derecho a la vida. Avanzar en el camino que lleva a destruir el derecho a la vida y pervertirlo, es un falso derecho, es retroceder en el camino de la civilización.

Mª Helena Vales-Villamartin

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