• El brutal régimen norcoreano había acusado a Jang Song Thaek de formar su propia facción dentro del Partido de los Trabajadores.
  • Y también de irregularidades y actos de corrupción.
  • Así como de ser un gran "consumidor de drogas, un derrochador de divisas en los casinos, además de mujeriego".
  • Y, por todo eso, me lo cargo: vivan los derechos humanos.
Kim Jong Un. Ese hombre. El cuarto y último hijo de Kim Jong-il, ha heredado lo peor de éste al frente de los destinos de Corea del Norte, uno de los pocos países marcadamente comunistas que quedan en el globo, junto a Cuba y pocos más.

Y como buen comunista, los derechos humanos se los pasa por donde no da el sol. Por eso, al más puro estilo paterno, ha decidido liquidar a su tío, Jang Song Thaek, por supuesta "traición".  Y además, a toda pastilla. Un tribunal militar le ha juzgado y condenado y, tras la sentencia, dictada este viernes por un tribunal militar, su aplicación ha sido inmediata. "El traidor ha sido ejecutado". Así ha titulado la agencia oficial KCNA.

El brutal régimen norcoreano había acusado a Jang de formar su propia facción dentro del Partido de los Trabajadores, así como de desobedecer la órdenes de su sobrino. Las autoridades también le vinculaban con irregularidades y actos de corrupción. Además, Jang Song Thaek habría sido un gran "consumidor de drogas, un derrochador de divisas en los casinos, además de mujeriego".

Estas acusaciones le costaron inicialmente a Jang ser apartado de todos sus cargos, incluido el de vicepresidente de la poderosa Comisión de Defensa Nacional. El régimen también le había expulsado del órgano de dirección del Partido de los Trabajadores.

Hasta ahora, Jang era una especie de tutor o mentor del joven líder norcoreano desde que asumió el poder hace dos años. Pero a su sobrino no le ha temblado el pulso para ordenar cargárselo. Como tampoco le tembló, por cierto, cuando el mandatario ordenó la ejecución de una de sus exnovias por haber grabado pornografía.

Así actúa Kim Jong Un. ¿Quién será el próximo en caer Vivan los derechos humanos.

Andrés Velázquez
[email protected]