Los gobiernos han lanzado el Estado de Derecho contra la libertad de prensa. La censura previa o el cierre de publicaciones no gratas al Ejecutivo son propios de otras épocas, o de otros continentes, pero hace tiempo que no se practican en la Unión Europea.

Ahora bien, la censura o el ataque directo no deja de ser mucho más noble y sincero que lo ocurrido, por ejemplo, al periodista Antonio Rubio, del diario El Mundo, a quien se piden 3 años de cárcel por revelación de secretos (y yo que pensaba que para eso estaba el periodismo según la vieja definición de noticia: algo cuya publicación molesta a alguien).

No señor, la censura es propia de Estados totalitarios. En los estados democráticos se utiliza a los jueces para aterrorizar a cualquier voz crítica. Es decir, se utiliza el Estado de Derecho, que se ha convertido en el Gobierno de los jueces. Oiga yo le tengo mucho más miedo a la dictadura judicial que a los tiranos. Los archipámpanos  siempre acaban cayendo, aunque sea por defunción y, en cualquier caso, con los dictadores sabes dónde está el enemigo: justo delante. Por contra, cuando los jueces gobiernan debes mirar hacia atrás.

Insisto: las personas se dividen en dos tipos: los malos, que se pasan el día interponiendo querellas, presentando demandas e intercalando denuncias, y los buenos, que suelen ser los que sufren las tales querellas o simplemente esperan a la justicia divina, que es mucho más justa.

Conté que el director de El Mundo se ha dedicado a utilizar a los tribunales, que unidos a su publicación componen una mezcla explosiva que no pocos han sufrido, aunque, eso sí, menos explosivo que el que forma un Gobierno, es decir, la Fiscalía General del Estado, y otros diarios, como por ejemplo, El País. Conste, asimismo, que el motivo de la querella es una derivada de la teoría de la conspiración sobre el 11-M, teoría que nunca me he creído: las bombas de aquel 11 de marzo no las colocó Zapatero ni la ETA: en tierras del Islam sobra odio a España como para preparar una barbaridad de esas características. Pero todas esas constataciones me sirven de muy poco: estamos ante la utilización del Estado de Derecho contra un periodista.

Poderosos y malignos -algunos son las dos cosas- han descubierto que, para destruir a la prensa independiente, especialmente a los pequeños, lo mejor son las querellas. El Mundo tiene masa crítica y abogados para defender a Antonio Rubio, y espero que lo hagan muy bien, pero los medios pequeños se ven agobiados por demandas porque la justicia no sólo es injusta por lenta, sino también por onerosa.

Tenemos una clase política que odia la libertad de prensa y ama el oligopolio: un grupo escaso de grandes multimedia con los que pactar. De vez en cuando se producen disfunciones como las de El Mundo pero son sólo eso: disfunciones. Lo primero es acabar con la prensa independiente, con el nuevo periodismo de Internet, con los pequeños.

No obstante, nuestra solidaridad con Antonio Rubio: el Estado de Derecho va a por él y necesita todo el apoyo que pueda lograr.

Eulogio López

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