La ley de Seguridad Ciudadana me parece bien. En el fondo lo que causa la tan mencionada alarma social no es el terrorismo sino el gamberrismo y la chulería callejera. Al español le preocupa, no la gran violencia terroristas, sino la violencia cotidiana que muchas veces es pequeña y otras resulta mortal. Esas cosas que a veces incluso no son delitos sino faltas, son las que hacen la vida imposible. La mala educación, la falta de respeto a la mujer, al niño, al anciano, al débil, etc. Por no hablar de los atracos callejeros, en el propio hogar... Aquí opera la habitual confusión progresista entre seguridad y libertad. Sí, siempre hay que optar por la libertad pero el amedrentado no puede ejercer su libertad, e insular y ofender suele salir gratis.

Además, la ley de seguridad trata de poner coto a la violencia psíquica, por ejemplo, a las ofensas a lo que para el prójimo resulta relevante, sean principios, sentimientos o lo que sea. Quizás, se preocupan demasiado de las manifestaciones callejeras, que no dejan de ser, al menos en teoría (y al ley es pura teoría), una manifestación de libertad, pero seguro que ese celo puede solucionarse durante la tramitación parlamentaria.

Por tanto, la ley de Seguridad Ciudadana del ministro Jorge Fernández (en la imagen), me parece bien enfocada. Intenta imponer un pelín de disciplina en un país como España, que se ha vuelto bastante maleducado. Y en la mala educación es donde el fuerte acaba abusando del débil. Vamos, que un pelín más de disciplina, que es la beuna educación forzada –es decir, (no la mejor, pero...)- no le vendrá mal a los íberos.

La otra ley, más avanzada en su tramitación parlamentaria, es la Ley de Seguridad Privada. Y ahí sí discuto la parte fundamental del proyecto: que los 'seguratas' privados se conviertan en agentes de la autoridad. Hombre, esto sí es peligroso. Como agentes de la autoridad sólo deben ejercer jueces y policías. No hay que privatizarlo todo ni la seguridad, como dice el sindicato policial UFP  puede dejarse en manos de empresarios. Además, tal parece que lo que se pretende es proporcionar empleo a los guardaespaldas que se han quedado en paro tras la renuncia de ETA –al menos por el momento- a la violencia.

En paralelo, otro proyecto por el que la Izquierda se rasga las vestiduras. Socialistas y comunistas deben tener un fondo de armario raído de tanto rasgarse las vestiduras. Se trata de una de las estrellas de la reforma del Código Penal, la prisión permanente revisable, una especie de cadena perpetua con vistas al exterior. Se pretende algo tan sencillo como mantener en prisión a quien, por mucho tiempo que lleve entre rejas, no se ha rehabilitado. Vamos, que sigue teniendo la misma mala leche que le llevó a cometer crímenes en el pasado. Piensen en la doctrina Parot y en el recibimiento entusiasta y popular a los asesinos de ETA y piensen si no es una buena idea del Partido Popular.

Que sí, hombre, que hasta el PP, incluso Gallardón, puede tener buenas idas. Pocas, ciertamente, pero de vez en cuando las tiene.

Eulogio López

[email protected]