• Y hay reticencias, porque el lunes aún quedaban flecos sobre, cómo no, las garantías de pago argentinas sobre los 5.000 millones de dólares.
  • El lunes, todavía se discutía si pudiera haber un pago mixto en metálico y en  especie.
  • Sobre todo, no está cerrado el papel de los bancos de inversión como avalistas del pago en deuda argentina.
  • Brufau quiere que el efecto YPF termine en 2014. Por eso ha saneado 1.200 millones de euros.
  • La pregunta es: ¿hubiera firmado Repsol este acuerdo 'motu proprio'
  • Y Pemex sigue empeñado en cesar a Brufau... lo que no parece probable. Pero en el entretanto, no se va del capital.
  • El problema es que en Moncloa tampoco se fían de Pemex.

A las 10,00 de la mañana, no a las 16,00 horas, como es habitual, del martes 25. Para entonces se ha convocado el Consejo de Repsol que, además, tendrá un doble sentido. A las 10,00 está previsto aprobar el acuerdo sobre YPF, más de un año después de la expropiación-robo, por parte del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. En una segunda parte -se prevé un consejo en dos fases, muy largo- se aprobarán las cuentas de 2013.

Y ojo para aprobar el acuerdo con YPF todavía hay que superar reticencias. Como ya hemos informado, el problema está en las garantías de pago de los 5.000 millones de dólares. Los argentinos se han negado a un pago mixto en metálico y activos. Así que el nudo gordiano está ahora en la utilización de bancos de inversión para asegurar el pago- con el correspondiente descuento, claro está-.

Lo cierto es que la noticia de que Repsol dotaba 1.200 millones de euros ha convertido el acuerdo en algo determinado, casi producto del fatalismo. Mañana martes, se firmará un acuerdo que conlleva una pregunta: si de Repsol y de su presidente, Antonio Brufau, dependiera, ¿se firmaría este acuerdo No se sabe.

Y cuando se cierre el acuerdo con YPF habrá que aclarar el asunto Pemex. Los mexicanos vuelven a la carga contra Brufau. ¿Qué es lo que quiere Pemex Cesar al presidente de Repsol, porque considera que con otro mandamás podría controlar Repsol o, al menos, entenderse para invertir conjuntamente en México, en pleno proceso 'liberalizador' de la energía en aquel país.

Y la alternativa de los mexicanos es clara: con su 9,3% del capital lo que más anhelan es derribar a Brufau. Lo que no parece muy probable. Una cosa es que el Gobierno Rajoy haya desautorizado, tres meses atrás, a Brufau ante los argentinos, y otra cosa es que quiera cambiar a su presidente. Con otro presidente, los mexicanos sueñan con controlar Repsol o con invertir conjuntamente en México. Y si no, marcharse. Pero no pierden la esperanza de cargarse a Brufau.

Por su parte, la postura de Repsol es clara: inversiones conjuntas sí, pero no se fían de las verdaderas intenciones de los mexicanos. Y el Gobierno Rajoy tampoco. En Moncloa tienen claro que Repsol debe seguir siendo una compañía española.

Eulogio López

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