• Ley Orgánica del Poder Judicial. La Reina, el Príncipe y doña Letizia, aforados.
  • Tranquilos: doña Cristina y Urdangarín no. 
  • A Gallardón no le gusta la justicia profesional; es decir, no popular. Ser perito en leyes no significa juzgar con justicia.
  • Plan público de empleo 2014: se convocan 1.211 nuevas plazas para una plantilla de 2,7 millones de funcionarios.
  • La parte del león se la llevan la policía y la policía fiscal (inspectores de Hacienda). ¿No es estupendo
  • Soraya salva a Gallardón del 'escándalo' Aguirre.

Consejo de Ministros del viernes 4 de abril. Estrella invitada: Alberto Ruiz-Gallardón (en la imagen, junto a Sáenz de Santamaría y Montoro), titular de Justicia, con su anteproyecto de Ley Orgánica del Poder Judicial. Según la maestra de ceremonias, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, "la ley del siglo XXI, una justicia más ágil para unas resoluciones judiciales más rápidas y unas resoluciones más prontas y fiables". En esto de hacer de mujer-anuncio, la vice es que lo borda.

Gallardón no es ese, ni mucho menos. Su estilo consiste en torrar al personal con mucho rigor y poca verdad. Lo cierto es que el ministro es un hombre ágil en todo tipo de normas salvo en la reforma del aborto, que va a durar toda la legislatura y amenaza con quedar en nada.

Comienza Gallardón explicándonos que "no hay satisfacción de los ciudadanos con la Administración judicial". Y la principal queja es la lentitud, no de la vista oral, sino de la instrucción del sumario. Muy cierto, pero Gallardón tiene la solución.

No basta con aumentar el presupuesto para los tribunales. Es más, en esto pasa como con la educación: más dinero no supone más calidad. Lo que se le ha ocurrido a Gallardón es crear tribunales de tres jueces instructores; es decir, en lugar de un juez una comisión, con lo que podemos lograr que tres jueces rindan menos que uno. Esto va a ser muy divertido.

Ya no habrá jueces, magistrado y magistrado del Tribunal Supremo. Todos serán jueces, eso sí, muy profesionales. Aquí no se admite la justicia interina. Lo de profesional queda bien, pero no cuando se trata de juzgar. De otra forma acabamos en lo que hemos acabado: el reino de los abogados y de los leguleyos y, por extensión, el Gobierno de los jueces. Mucho mejor la idea socialista del jurado. Bueno, la idea de Belloch que luego quedó en nada y ahora se entierra. Ser perito en leyes no significa ser justo. 

Se refuerza el Tribunal Supremo, aunque si no se tapona la sangría del Tribunal Constitucional mucho me temo que el verdadero Supremo seguirá siendo el TC, convertido en campo de batalla partidario, algo así como el segundo parlamento con menos cámaras y más mala uva.

Ahora bien, este refuerzo del TS no casa con la independencia judicial que Gallardón asegura mantener con el anteproyecto. Así, anuncia la creación de una nueva figura jurisprudencial, que convierte en vinculante la doctrina del Supremo para los tribunales inferiores. Es decir, que lo que diga el supremo va a misa. Eso, según Gallardón, reducirá la litigiosidad. Y es posible pero también reduce la independencia de los jueces inferiores.

Además, tengan en cuenta que, cuando la ley entre en vigor el Supremo podrá resolver cualquier sumario, independientemente de su contenido o de su amplitud. Por ejemplo, una multa de tráfico.

Y Gallardón promete que no desaparecerá ningún juzgado de España.

Pero lo más morboso del anteproyecto lo deja Gallardón para el final: SM la Reina, SAR Felipe de Borbón y doña Letizia Ortíz Rocasolano pasan a ser aforados. Tranquilos: Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarín no: todavía hay posibilidad de enrejarlos por el 'caso Nóos'.

Hasta ahí, lógico que un diputado autonómico esté aforado y que no lo esté la Reina de España parece excesivo. Ahora bien, Gallardón, esa mezcla primorosa de rigor y falsedad, nos explica que es por razón del cargo. Hombre no. Por razón de cargo lo merecería la Reina y el Príncipe, pero no doña Letizia, al menos hasta que suba al trono. Incluso es discutible que, por razón de cargo, y a pesar de su título, el Príncipe deba entrar en el aforamiento.  

En cualquier caso, Gallardón mantiene su visión elitista de la justicia: nada de jurado, nada de justicia popular; mucha profesionalización de los jueces y, más a más, el elitismo de casta: que los magistrados del Supremo le dicten su trabajo a los demás. Insisto, el perito en leyes sabe más que el carbonero sobre leyes, pero no tiene por qué ser más justo. Por lo general, suele ser más legalista. Sólo eso.

A continuación aparece en escena el versátil Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, para explicarnos cuántos funcionarios públicos pone en marcha en su nueva oferta de empleo para 2014. No es que se haya acabado la era de las vacas flacas, no. Pero alguna alegría se puede dar a los aspirantes a funcionarios. A ver, se licitarán un total de 1.211 plazas por otras 1.683 de reposiciones (ascensos, vaya). No es mucho, no, sobre todo porque estamos hablando de una masa laboral de 2,7 millones de españoles que trabajan para el Estado.

Pero lo bueno no es la cantidad sino la dedicación. Entre inspectores de Hacienda, policías nacionales y guardias civiles, se llevan el 25% del total. Es decir, que la política del gobierno Rajoy nos prepara más policía y más policía fiscal. Estamos como queremos. La prelación supone un bonito dibujo del Estado en que se desarrollan nuestras vidas. Mejor no extraer conclusiones precipitadas.

En el turno de preguntas, hay que recordar que en Moncloa priman los periodistas políticos, los favoritos de doña Soraya, dado que sus preguntas son tan aparatosas como facilonas. Naturalmente, surge el peñazo catalán. La clave ahora consiste en saber quién representará al Gobierno en la próxima etapa del vodevil: revisión parlamentaria de la interpelación del Parlamento autonómico catalán solicitando una novedad. Ese referéndum. Soraya-frontón responde a la medida de las cosas. Es decir, nada. Sabe perfectamente que PP, PSOE y CIU deberán llegar a un acuerdo tras el 25 de mayo y antes del 11 de septiembre. Todo lo demás es el tinglado de la antigua farsa política: antes de amanecer es cuando el cielo está más oscuro. Antes del acuerdo es cuando hay que insultar más al adversario.

Y luego está la colosal crisis nacional provocada por Esperanza Aguirre en la Gran Vía madrileña. Como ya hemos dicho, el asunto es muy grave.

Total, que le preguntan a Gallardón si Esperanza Aguirre ha perdido toda posibilidad de ser alcaldesa de Madrid (cargo al que no aspira, lo que quiere Aguirre es presidir el Gobierno, sólo que no le dejan). Soraya corre en su socorro y le quita la palabra. Con una respuesta de una grandísima profundidad, nos explica tres cosas:

1. Que Aguirre ya ha dado explicaciones sobre lo sucedido. Muy cierto, ha dicho que el agente era una jetas con ganas de protagonismo.

2. Que se ha abierto un expediente -de tráfico, claro- en el Ayuntamiento de Madrid. Supongo que en el Departamento de grúas municipales o similar. Es lo que suele ocurrir cuando aparcas en el carril bus.

3. Que todos somos iguales ante la ley. Esto último es una novedad que seguramente abrirá las portadas de la prensa de mañana.

Pero, mientras Soraya nos regalaba los  oídos con sus reflexiones, Gallardón manoseaba, con aire neurótico, su bolígrafo, y un ligero temblor en sus manos reflejaba que no sufre de Parkinson, sino de ambición. Y que machacar a su antigua compañera no sería bueno para su carrera.

Gracias, Soraya.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com