Sr. Director:

Apoyo la iniciativa del Gobierno sobre la conciliación entre vida laboral y vida familiar. Las medidas adoptadas beneficiarán sólo a una mínima fracción de los trabajadores, pero por algo se empieza. Algunas empresas avanzan en esa misma dirección y existe una concienciación social creciente al respecto.

Han surgido críticas, algunos de preguntan: ¿Quién lo va a pagar? La misma pregunta se harían imagino-- en los comienzos de la revolución industrial: que quién iba a pagar los costes de una jornada laboral razonable. Pienso, es imposible demostrarlo, que con jornadas de trabajo de 15 horas diarias, la sociedad occidental no hubiera alcanzado las cotas de progreso actuales. La productividad es muy importante, pero no es el único factor a tener en cuenta, y menos con una visión reduccionista del problema, que sólo tuviera en cuenta el corto plazo.

La fijación de una hora tope, a las seis de la tarde, puede ser sensata y viable en algunos trabajos, pero no en general. Pienso ahora en los casos de un bombero, un transportista, en el periodismo, o en la industria del ocio. Pero confío en que, con flexibilidad, podrán encontrarse soluciones efectivas y realistas para todos. Soluciones que nos permitan afirmar que, en verdad, trabajamos para vivir más que vivir para trabajar.

Miguel Vega López

mvegahom@teleline.es