Sr. Director:
Desde hace unos veinticinco años acá los comportamientos sociales han cambiado, nadie lo puede negar.

Parte de estos cambios vienen dados por la influencia, que desde los medios de comunicación, han ejercido psicólogos y pedagogos. La palabra más repetida por ellos ha sido "trauma", y bajo este ambiguo y amplísimo cajón de sastre familias, docentes y políticos han sucumbido por temor a ocasionar un irreparable, valga la redundancia, trauma.
Los niños han usurpado, por dejación paterna/materna, el trono de los padres. Éstos han hecho todo lo imposible e imposible por atender las necesidades y complacer todos los caprichos; prevaleciendo las más de las veces éstos sobre aquellas. Los padres han descendido a la categoría de colegas. El término colega está totalmente reñido con el de autoridad.
En el ámbito escolar ha pasado tres cuartos de lo mismo. El maestro, apabullado por el ambiente que le rodea, también se ha convertido en colega, perdiendo autoridad y prestigio. En los centros educativos, de todos es sabido que, el esfuerzo y el trabajo son raras disciplinas, lo que hoy prima es que el joven sea feliz, se realice y por supuesto que no se traumatice bajo ningún concepto.

Los políticos, para no ser menos, se han apuntado al carro de obtener fáciles réditos electorales y haciendo flaco favor a los propios jóvenes los han pastoreado recluyéndolos en rediles botelloneros donde, sin control alguno, alcohol y otras sustancias corren a raudales.

Hemos derramado el agua del cántaro. El explosivo coctel está servido: Pozuelo de Alarcón. Llega el momento, vista la barbarie, de rasgarnos las vestiduras y acto seguido pretenderán que recojamos el agua derramada.

Manuel Villena Lázaro

[email protected]