La cuadrilla de estudiantes vagos que gritan insultos por la calle en defensa de la escuela pública entraron en un colegio extremeño de religiosos al grito de dónde están los curas que los vamos a quemar, destrozaron lo que pillaron a su paso y de paso, maltrataron a una profesora. Precisamente de salesianos, una orden que ha formado a trabajadores en los barrios más pobres de Italia, España o Argentina.

Todo el maremágnum de protestas sindicales estudiantiles y antisistemas tienen un nexo común: su cristofobia. Esto es como la Semana Trágica: comenzó siendo una protesta contra el reclutamiento forzoso y acabaron quemando iglesias. Vaya usted a saber por qué.

Y todo ello me lleva a concluir que vivimos en pleno guerracivilismo. Probablemente, el mayor daño que haya provocado el Zapaterismo haya sido la resurrección de las dos Españas. La guerra civil española no fue una guerra de religión sino una guerra del marxismo contra la religión católica, empeñados los revolucionarios y, en general, la izquierda, en destruir a la Iglesia. El problema es que ahora, frente a esa izquierda violenta, no existe una derecha firmemente enraizada en la fe sino una derecha pagana. Solo que la ultraizquierda no se ha enterado de ello, así que continúa arremetiendo contra lo que siempre arremetió: contra los cristianos. El hombre es un animal de rutinas.

Imagínense ustedes que los vocingleros -en defensa de la escuela pública, la sanidad pública y otros objetivos nobles, of course, hubiesen quemado, tal como prometían, el colegio de los salesianos de Mérida y matado -por error naturalmente- a algún fraile empeñado en que no profanaran la capilla. ¿Cómo reaccionarían los principales grupos políticos españoles?

Tengo para mí que la izquierda de Cayo Lara reaccionaría como los nacionalistas del PNV en los peores años de los asesinos de ETA: 'Algo habría hecho'. La víctima, naturalmente. En cualquier caso, los culpables de clericidio no serían los asesinos, claro está, sino el Gobierno y sus recortes, que tanto oprimen al pueblo.

Por su parte, el PSOE de Rubalcaba condenaría los 'lamentables' hechos, como 'cualquier otro atentado contra la democracia', pero al mismo tiempo se habría apresurado a minimizarlos. Y ello, en la línea de la sonriente portavoz parlamentaria, Soraya Rodríguez, cuando los asaltos a supermercados de su correligionario Sánchez Gordillo: "Sin sobreactuar". Que la Justicia cumpla con su obligación… y ya sabemos lo que esa expresión da de sí. Vamos, que la actitud del PSOE sería la misma de don Manuel Azaña cundo contemplaba cómo ardían los monasterios y colegios católicos en 1931: "Ningún convento vale la vida de un español".

Por su parte, el Partido Popular lanzaría una condena firme y exigiría -a sí mismo, se supone- el cumplimiento estricto de la ley contra los desalmados. Pero, eso sí, sin abordar las causas. Y la causa no son los ajustes económicos sino la cristofobia.

Naturalmente, los jueces progresistas se preocuparían de salvaguardar todas las garantías procesales de los asaltantes y siempre habría un juez Pedraz, compresivo con la actitud de los facinerosos ante "la convenida decadencia de la clase política". Y es que estos chicos no son malos, lo que ocurre es que están indignados… y con razón, por los desmanes injustificables de la derecha.

Insisto: la guerra civil española no estalló por la cuestión social sino por la cuestión religiosa. Es decir, por el odio a Cristo de la izquierda tunante. Lo que muchos partidos políticos parlamentarios sufren es de esa misma cristofobia. Y aunque no puede alentar la revolución -correrían el riesgo de perder su cargo-. Recuerden que los revolucionarios tienen por costumbre asesinar, no a sus hijos, sino a sus padres, esto es, a ellos mismos. Aunque primero caerán los curas, claro está.

Eulogio López

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