Ya he contado la anécdota de una ejecutiva financiera que le preguntó a su jefe cómo había que confesarse. Una pregunta a la que podía haber respondido cualquier anciano iletrado de la aldea más perdida de España.

La diferencia es que nuestra ejecutiva -fiel imagen de país (el Estado) en el siglo XXI- sabe mucho de balances y nada de catecismo. Eso sí, al parecer, tenía el sentido del pecado en el que se ha basado la evangelización durante 2.000 años.

Dicho esto, no creo que esté de más publicar el último envío de la página -genial página- de Iesvs.org, done se nos explica justamente eso, cómo confesarnos bien. Allá va.

Recomiendo esta lectura, especialmente a don Jaime Botín, ese gran banquero filósofo, para quien la cultura de la corrupción pública la tiene el cristianismo que todo lo arregla con la confesión sacramental.

Al parecer, olvida que el sacramento se basa en la humildad del arrepentimiento, algo extraordinariamente costoso -y que no desgrava- para muchos... incluido don Jaime Botín.

Eulogio López

[email protected]