En primer lugar, ya lo aclara la propia Conferencia Episcopal: la labor de la Iglesia no consiste en decirle a los católicos a qué partido deben votar: somos mayorcitos.

Más bien consiste en algo tan simple como señalar la coherencia o incoherencia del sufragio. Es decir, que la nota de los obispos españoles ante la convocatoria electoral del 20-N, emitida el viernes 21, pasa lista a los principios no negociables de Benedicto XVI y utiliza para ello las palabras el Pontífice en la JMJ madrileña y durante su viaje a Alemania.

Primer principio no negociable para un católico: la vida. En este punto, oigamos a los obispos referirse al "peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural constituye un atentado contra el derecho a la vida". Pues está claro: no puedo votar al PSOE que considera el aborto un derecho, y no puedo votar al PP porque fomenta el aborto aunque no lo considere un derecho. Sin considerarlo un derecho, permite e incluso alienta el aborto, la ley de 1985, que Mariano Rajoy se niega a derogar.

Pero hay más. Los obispos defienden el matrimonio natural, entre hombre y mujer y la libertad de los padres para decidir la educación que reciben sus hijos. Y pasamos a otro principio no negociable: el del bien común, en primer lugar, como defensa del menos favorecido. Y aquí los obispos citan expresamente a los ancianos, los enfermos y los inmigrantes. Sí, los inmigrantes. Ergo un católico coherente no puede votar a cualquier partido xenófobo. También aquí los obispos siguen el magisterio de Juan Pablo II que reivindicaba el derecho de gentes que ha regido la historia: la libre circulación de personas.

Otra cuestión llamativa de una nota sin desperdicio: ahora que los excesos de las comunidades autónomas han llevado a muchos, también cristianos, a demonizar a los nacionalistas, deberían leer estas palabras: "se reconoce la legitimidad moral de los nacionalismos o regionalismos que, por métodos pacíficos, desean una nueva configuración de la unidad del estado español". Si es que cuando uno escucha los exabruptos de ciertos nacionalistas dan ganas de lanzarles una anatema pero eso sólo supone otra razón más por la que nunca llegaré a obispo. En resumen: ¿Es anticristiano pedir la independencia de Euskadi? No, no es anticristiano. A mí me parece una chorrada inmensa, pero no es incoherente para un cristiano.

Y ahora ustedes me formularán la pregunta: ¿Entonces a quién voto? Pues por cualquier cosa menos por la incoherencia. Durante las pasadas elecciones generales servidor se vio en la misma tesitura y votó en blanco. Y por cierto, los votos en blanco no son votos antisistema -en tal caso, eso sería la abstención, que también es el voto de los comodones-. No, es un voto del que ama la democracia pero no le gustan las opciones que se encuentra a su paso. Oiga, y cada vez somos más. Como decía una pancarta del primer 15-M, el único que mereció la pena: "No somos antisistema. El sistema es antinosotros".

Pero que no se diga que los obispos han pedido el voto para el Partido Popular. Porque eso es mentir.

Eulogio López

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