Sr. Director:
La caridad en la verdad de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda humanidad.

Así empieza la tercera encíclica que Benedicto XVI acaba de hacer pública. Sin duda no deja de sorprendernos una vez más uno de los grandes teólogos de nuestro tiempo.

Es cierto que la caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo mío al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es suyo, lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar. Es decir, que no puedo dar al otro de lo mío sin haberle dado en primer lugar lo que en justicia le corresponde. Quien ama con caridad a los demás, es ante todo justo con ellos.

Porque no nos engañemos, nada es ajeno a la ética y la moral y sino lean la primera conclusión del Santo Padre: Sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es.

Por eso, ¿en estos momentos tan duros que estamos atravesando quién está ayudando?, pues la Iglesia y las instituciones a ella vinculadas, como fundaciones, institutos religiosos, escuelas que cumplen unas funciones educativas, sanitarias y asistenciales que exigirían de los poderes públicos una fuerte aportación de fondos si alguien no lo hiciera en su lugar.

El beneficio de dichas prestaciones recae en los sectores sociales más desfavorecidos, incluyendo a inmigrantes, enfermos o personas que carecen de cualquier ayuda oficial.

Nunca mejor dicho, La caridad en la verdad. Benedicto XVI es una persona dedicada a proclamar el evangelio sin rebajas, es un testigo fiel y lúcido del evangelio. Gracias Santo Padre por el inmenso regalo que nos hace con sus escritos y con sus homilías.

Elena Baeza

bzvile@gmail.com