• La organización sociocaritativa de la Iglesia católica recuerda las palabras de los obispos: "A los inmigrantes les abrimos las puertas cuando los necesitamos y se las cerramos cuando su presencia choca con nuestros intereses". 
  • Los migrantes en todo el mundo alcanzaron este año una cifra récord de 232 millones en 2013, el 3,2% de la población mundial, según la ONU.
En el Día Internacional del Migrante, Cáritas ha querido lanzado un mensaje, cada vez más silenciado: que las personas migrantes ya forman parte del "nosotros" y que su presencia en nuestra sociedad es un hecho incontestablemente positivo. "Nuestra sociedad se ha transformado en una sociedad diversa. Y diversa quiere decir distinta, pero también quiere decir mejor", afirma la organización sociocaritativa de la Iglesia católica.

Cáritas se dice "consciente" de que la defensa de esta realidad se produce en un contexto de "endurecimiento del discurso y las políticas públicas, que tienden a señalar y criminalizar al 'otro'". Por eso -añade Cáritas-, es necesario avanzar, como señala el Papa Francisco, desde "la cultura del rechazo, a la cultura del encuentro".

La organización sociocaritativa de la Iglesia católica destaca que en este momento, las políticas de migración, tanto a nivel europeo como a nivel nacional, siguen centradas en unos métodos de control de los flujos migratorios que, bajo el objetivo de reforzar la lucha contra las mafias -que, sin duda, hay que combatir-, no dejan de reforzar los mecanismos de acceso mediante métodos disuasorios que lo único que consiguen es infligir más dolor. Como denuncian los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones en su reciente Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2014, "a los inmigrantes les abrimos las puertas cuando los necesitamos y se las cerramos cuando su presencia choca con nuestros intereses".

A fecha de hoy, -denuncia Cáritas- no existen políticas orientadas a explorar otras posibilidades más flexibles de acceso al territorio, ni una apuesta por impulsar políticas de desarrollo económico y social en los países de origen. "En lugar de ello, no dejamos de constatar dificultades crecientes en los procedimientos de documentación y renovación, y la persistencia en un modelo que supone encerrar a las personas migrantes en centros de internamiento".

Cáritas está acompañando a personas cuyo proyecto de vida se ve interrumpido por falta de oportunidades, familias que, empujadas al retorno a sus países de origen,  tienen que sufrir una nueva ruptura, un nuevo duelo migratorio y afrontar un regreso que, lejos de ser voluntario, se convierte en una nueva expulsión. "Acompañamos también a muchas otras familias, vecinos de nuestras comunidades, que en este nuevo contexto de precariedad social caen en la irregularidad sobrevenida y, con ello, en la exclusión en el acceso a derechos tan básicos como la salud".

"Se nos está olvidado integrar y no discriminar. Por eso, como sociedad y como Iglesia no podemos dejar de señalar que las razones para migrar son las mismas que buscan hoy muchos de nuestros jóvenes que emigran en busca de nuevas oportunidades y de un futuro más digno", argumenta.

Como recuerda el Papa Francisco, "respetando la independencia y la cultura de cada nación, hay que recordar siempre que el planeta es de toda la humanidad y para toda la humanidad, y que el solo hecho de haber nacido en un lugar con menores recursos o menor desarrollo, no significa que vivan en menor dignidad" (Evangelii Gaudium, 190).

Precisamente hoy se ha conocido un informe de la ONU que apunta que los migrantes en todo el mundo alcanzaron este año una cifra récord de 232 millones en 2013, de los cuales la mayoría reside en países europeos y asiáticos, según un informe publicado hoy por Naciones Unidas. Es equivalente al 3,2 por ciento de la población mundial, un aumento significativo en comparación con 175 millones en 2000 y 154 millones en 1990. Pocos parecen 232 millones.

En cualquier caso, las reflexiones de Cáritas han de ser tenidas en cuenta.

José Ángel Gutiérrez
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