Cumbre Europea en Dublín. De la derecha europea, hija de la democracia cristiana que creó la Unión y hoy un partido, de nombre Partido Popular Europeo, que sigue siendo demócrata pero ya no es cristiano.

Se habla de Ucrania, naturalmente, y Mariano Rajoy habla con un poquito más de fuerza después de que la Comisión nos sacara del pelotón de los tontos.

Por cierto, que lo hizo -comisario Olli Rehn, qué le vamos a hacer- con una crítica que debería avergonzar a nuestro Gobierno: han hecho ustedes los deberes del ajuste -a costa de masacrar a los españoles, claro está- pero es vergonzoso que quienes nos exigían apretarnos el cinturón le digan ahora al Gobierno español que el problema es el paro, es decir, el resultado final de los ajustes.

En cualquier caso, se trata de decidir quién será el candidato del primer grupo del Parlamento Europeo, al menos hasta las elecciones, a presidir la Comisión Europea y sustituir a Durao Barroso. La cosa está entre el letón Valdis Dombrovskis, el francés Michel Barnier y el luxemburgués Jean-Claude Juncker (en la imagen).

Mi favorito será el letón, para darle presencia a la periferia europea. Pero no parece. El segundo es el francés Michel Barnier, ya convertido en eurócrata. El tercero es Jean-Claude Juncker, el más eurócrata de todos. Un personaje salido de un país fundador de la Unión, ciertamente, pero que no ha dejado de ser un paraíso fiscal dedicado a poner palos en la rueda de la Unión Europea. Un personaje, además, incombustible, de los que hay que recordar que si el poder absoluto corrompe absolutamente, el poder permanente corrompe de forma permanente. Me temo que para siempre mejor.

Tras presidir su propio país, el Eurogrupo, Juncker es el biotipo del burócrata europeo que sólo trabaja para mantener la estabilidad de su paraíso fiscal. Por eso presidió el Eurogrupo, para fastidiar cualquier opción por la solidaridad intereuropea y por eso, caro está, pertenece a esa Europa central, dirigida desde Berlín, que no pretende la unidad europea sino la absorción de la Europa emergente por la Europa consolidada.

El español García Margallo quedó fuera a principios de carrera.

Hágame un favor, don Mariano. Cualquiera menos Juncker, aunque me temo que a Merkel le encanta este apóstol de la prepotencia germana.

Eulogio López

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