Pero hombre, Florentino, no le digas a Rosell que el Real Madrid no tiene nada que ver con su peregrinaje judicial. Ya sabes, excusatio non petita... Además, Floro, hijo, ya sabes que los madridistas no quieren que dimita Rosell, quieren que dimita Neymar y, si fuera posible, Messi. El presidente no les interesa para nada.

Ahora 'en sirio'. Pues no, Sandro Rosell (en la imagen) no debería haber dimitido como presidente del Barça. Salvo que, realmente, se haya quedado con dinero del fichaje pero él dice que no. Asegura que dimite por las amenazas a su familia  y para no dañar la imagen del Barça. En lo primero no entro, aunque no entiendo que un presiente de una gran empresa como el Barça no pueda proteger a su familia.  

Respecto a la mala imagen del Barça... mire usted, la imagen no es la realidad. Si usted se confiesa inocente no tenía por qué dimitir.

Hemos instaurado como norma -más conocida por su violación que por su observancia- que en cuanto un hombre público es imputado por un juez debe dimitir, por 'higiene democrática', otra pedantería progre.

Pues no. Un cargo no debe dimitir cuando es imputado sino cuando resulta condenado. Es verdad que un cargo público debe ser una referencia moral, un ejemplo, para los gobernados, pero imputar a alguien es muy fácil. En cuanto existen indicios de delito, es decir, una  suposición del juez que puede demostrarse, o no. Y si se demuestra que es inocente resulta que no puede recuperar ni su cargo ni su vida.

Que la mera imputación conlleve la dimisión es una conclusión añadida al Gobierno de los jueces, del que ya he hablado en muchas ocasiones y que me parece mucho más peligroso que el gobierno de los políticos. No por la legitimidad de origen sino por las del ejercicio y por su origen. El origen de los jueces ocurrió cuando el hombre se volvió relativista. Pero como el hombre no puede vivir sin certezas sustituyó la cierta ley moral por las inciertas, y tantas veces injustas, sentencias judiciales.

No, Rosell no debió dimitir, como no debe dimitir ningún imputado que se confiese inocente.

Eulogio López

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