• Y en el entretanto, la privatización de AENA, paralizada.
  • Mientras, y a pesar de los acuerdos, IAG continúa sin dar aire, ni a Iberia ni a la T-4.
  • Y el Gobierno trata de sustituir a la antigua aerolínea de bandera española por compañías extracomunitarias.
  • Y no es fácil, porque la T-4 se construyó para Iberia.
  • El caso es que los consejeros españoles ya no mandan nada.
  • Y hasta la SEPI podría abandonar el buque.

La ministra de Fomento, Ana Pastor (en la imagen), se vio obligada -mañana del martes- a salir a la palestra en defensa del alicaído Aeropuerto de Barajas. Aseguró Pastor que, por vez primera, en febrero ha aumentado el tráfico, al tiempo que confesaba que se negocia con diversas aerolíneas la venta de aparcamientos (slots).  

Cierto, pero la T-4 se construyó para Iberia y los británicos de IAG, con Willie Walsh a la cabeza, optaron por quedar con Vueling y marginar a Iberia.

Por ello, a pesar de los acuerdos firmados con pilotos y tripulantes de cabina de pasajeros, lo cierto es que IAG, empresa con sede social en Madrid y sede operativa en Londres, con un presidente español, pero donde el primer ejecutivo es un irlandés.

En efecto, tras tres años a la baja el aeropuerto vuelve a crecer mínimamente. Pero la T-4, a pesar de ese modesto incremento de negocio, sigue vacía. Entre lo que fue y lo que es media un abismo tan grande como la longitud de la terminal. Y sustituir a Iberia no es sencillo.

Al final, el problema es que en IAG se han impuesto los británicos de British Airways. Los consejeros españoles mandan cada vez menos. Incluso la SEPI podría estar pensando en hacer las maletas, aunque su participación es mínima.

Y, en el entretanto, resulta que la privatización de AENA continúa paralizada. No es bueno para el negocio un Barajas en mínimos. La colocación del 60% ya se habría iniciado si no fuera porque el director de la Oficina de Moncloa, Álvaro Nadal, ha frenado el proceso. Entre otras cosas, a Nadal no le gustaría que José Manuel Vargas, el presidente de AENA, herede el primer puesto ejecutivo en una compañía. Pero el problema de la T-4 y de Iberia es mucho más gordo.

Miriam Prat

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