• El problema del inquilino de Moncloa es que nunca aborda el fondo de las cuestiones que se le plantean. Lo suyo es el vuelo rasante.
  • Tampoco con Cataluña, donde se remite a la ley sin buscar el entendimiento: "Nadie me puede pedir lo que no puedo dar". Pero toda discrepancia pretende precisamente eso: modificar la normativa vigente.
  • Política económica. Rajoy hace el habitual análisis del perdedor. Gano en PIB, en IPC y en balanza de pagos. Pero todo eso no vale de nada con paro alto y salarios bajos.
  • Asegura no haber dedicado un minuto a las europeas… pero da una lección sobre los próximos comicios de mayo.

Ocasión solemne. O así, que dijo un vasco. Los años políticos se cierran en España con una rueda de prensa que ofrece el presidente del Gobierno tras el último Consejo de Ministros del año. La cita, en el Palacio de La Moncloa, el viernes 27, a las 15:15 horas. Allí compareció Mariano Rajoy (en la imagen), acompañado por su segunda, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, y por sus dos escuderos: el director de la Oficina Económica, Álvaro Nadal, y el jefe de Gabinete presidencial, Jorge Moragas.

Rajoy estuvo arrogante, con ese talante monclovita que le impele a partir la historia en dos mitades: antes y después de que él llegara a la Presidencia. Antes, estábamos al borde del abismo, ahora hemos dado un paso hacia atrás y nos preparamos a coger impulso en la dirección opuesta (al abismo, digo).

De hecho, la política económica, la única que le interesa a este no-economista, la ausculta bajo el tipo de análisis habitual entre los políticos españoles, el análisis del fracasado: el PIB empieza a remontar, la inflación está controlada y la balanza de pagos marcha como una moto (esto último cierto y relevante). Sólo el paro renquea. Por tanto, ganamos por 3 a 1.

Lo cierto es que, si lo que caracteriza a la economía española es un desempleo alto y unos salarios bajos, el partido lo seguimos perdiendo por uno a cero.

Es el problema del actual inquilino de la Moncloa: nunca aborda la esencia de los problemas. Lo suyo es el vuelo rasante y sin rozar.

Ejemplo: asegura que él no quería tomar medidas tales como la congelación del salario mínimo, una vergüenza nacional en un país de salarios bajos. No quería hacerlo pero tiene que hacerlo, como el "gobernante responsable" que es. Lo cierto es que es un irresponsable que hace recaer el peso de la crisis sobre los más débiles.

Insiste, arrogante, a fuer de opaco -apenas respondió a ninguna de las preguntas formuladas por la canallesca- en que no ha dedicado "ni un segundo" a las elecciones europeas. En primer lugar, miente. Como adelantábamos ayer en Hispanidad, lo cierto es que tendrá que decidir si prescinde del ministro José Manuel García Margallo. Pero es que, además de opaco, mentiroso, y la mentira tiene las patas cortas: asegura Rajoy que no ha dedicado tiempo a las europeas pero se conoce perfectamente los pros y los contras de los comicios del 25 de mayo. Nos asegura que el próximo parlamento tendrá 40 competencias más que el anterior, es decir, el Parlamento europeo con más competencias de la historia.

Con Cataluña, la misma arrogancia, la misma opacidad y la misma tensión. Es verdad que los catalanes son muy pesados pero también es verdad que Rajoy se recluye en la siguiente obviedad. "No se me puede pedir lo que no puedo dar". Por ejemplo, un referéndum de autodeterminación. Pero ése no es el problema catalán. El problema catalán, y conste mi convicción de que en este punto, Rajoy tiene más razón que Artur Mas, hay que recordar que lo que pretende "toda discrepancia consiste precisamente en eso: en modificar la normativa vigente". A lo mejor no hay que modificarla pero esa negativa hay que hablarla. Concluyendo: sí, los nacionalistas catalanes están pesadísimos, pero hay que escucharles.

Y la guinda de la tarta la puso ante una pregunta sobre, cómo no, el aborto, el asunto más importante del que el señor Rajoy no quiere hablar. Una pregunta inane de una periodista es respondida con una regañina de un alterado y nervioso presidente: "Hay cosas que no pueden hacerse por decreto. Usted debería saberlo". Y si al menos hubiera sido para defender al nasciturus.

Así termina 2013 Mariano Rajoy: arrogante, opaco y tenso.

Eulogio López

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