El presidente argelino Buteflika, recibido en Moncloa con grandes fastos, lleva tomándole el pelo a España desde tiempo atrás.

 

Buteflika y su ministro de Energía, y posible sucesor Chakib Jelil, decidieron unilateralmente subirle el  precio del gas a España en un 20%. Considerando que un 40% del gas que se consume en España procede de Argelia, el asunto tiene su enjundia.

Al mismo tiempo, París y Argel han trenzado la pinza franco-argelina, por la que Sarkozy ofrece equipos nucleares a Argelia -un país donde la presión terrorista islámica es terrible- a cambio de que sea Francia, no España, el peaje de entrada del gas magrebí en Europa-. No es ningún secreto que la francesa Suez-GDF pretende comerse a Gas Natural.  

Argelia controla el segundo gasoducto del Magreb, que llegará a las costas del Levante español mientras Zapatero ha levantado todas las barreras comerciales que le impiden enlazar por Francia con el resto de Europa tras habernos quitado de en medio.

Lo de el Polisario tiene poco que ver. A Buteflika y Jalil -insisto, mucho más peligroso éste que aquel, ya de capa caída- las haidares de turno le importan muy poco: utilizan al Polisario para fastidiar a Marruecos, uno de los deportes más aplaudidos en Argel.

Miguel Ángel Moratinos, otro desastre con patas del Zapatismo, intenta poner una mejilla a Rabat y otra a Argel, con ansia de calmarles por el procedimiento sutilísimo de ser abofeteado en ambas.

Es lo que hay.

Eulogio López

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