Vladimir Putin viaja a la ciudad polaca de Gdansk en el septuagésimo aniversario del comienzo de la II Guerra Mundial. Su vocero ya ha adelantado que Putin desea aclarar la tergiversación sobre los resultados de la II Guerra Mundial.

Pero si eso es lo único que está claro: derrotados los nazis, Occidente libre no se vio con fuerzas para afrontar la otra dictadura, el comunismo, y prefirió pactar con ella, antes que derrotarla. De esta forma, Polonia, donde uno de cada cinco ciudadanos había muerto violentamente, tanto a manos de los alemanes como de los rusos, y que bajo el dominio del Kremlin tuvo que soportar un nuevo invierno, esta vez quizá menos intenso pero mucho más duradero.

Los polacos se preguntan a sí mismos: Si nos atacan los alemanes por el Oeste y los rusos por el Este, ¿a quién debemos disparar primero? A los alemanes, porque el trabajo siempre debe anteponerse al placer.

Esa hipótesis ellos la han sufrido en sus propias carnes y sólo la fe cristiana les hizo sobre vivir a unos y a otros.

En España, dos años después de montarse la cinta, sigue sin estrenarse la película de las Fosas de Katín, uno de los grandes asesinos en masa del comunismo, en la que los soviéticos asesinaron a 10.000 oficiales polacos además de un número sin determinar de políticos y notables polacos. Nazis y comunistas compartían muchas cosas: una de ellas su odio a la Polonia cristiana.

Y será en Gdansk, en los Astilleros Lenin, donde aún vive un Walesa desperdiciado por la actual clase dirigente occidental. Como él dice, la caída del comunismo es obra de Juan Pablo II en un 60% y de un 40% del sindicato Solidaridad.

Por cierto, justo al lado de los astilleros Lenin, está el Museo de Solidaridad, que cuenta la caída del comunismo en toda Europa: Putin debería visitarlo.

Sí en Gdansk -la antigua Danzig- comenzó la II Guerra Mundial, pero también comenzó la doble lucha por la libertad de los polacos: contra los nazis y contra los comunistas. En ambas vencieron y, según el viejo adagio político: Por nuestra libertad y la vuestra. Reconozco que he tenido que viajar a Polonia para comprender qué es eso que llamamos patriotismo. Y es algo muy serio, sin duda, pero cuesta entenderlo en un mundo globalizado.

Eulogio López

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