Los derechos de la mujer, la libertad de la mujer para decidir sobre su maternidad, el control de la mujer sobre su propio cuerpo. Al parecer, en todo este debate sobre el aborto, el hombre pinta más bien poco. Es un semental que engendra pero no tiene parte ni arte en el resultado. A los varones con cabeza esto les resulta inadmisible. A los varones sinvergüenzas les viene bien este feminismo salvaje: engendran pero no procrean.

Pero lo que este feminismo abortista hace con la mujer es mucho peor que lo que propone para el varón: en el libro El triunfo de la Inmaculada (pedidos del ejemplar a [email protected]), la Santísima Virgen dice lo siguiente sobre la mujer actual: "La condición de la mujer estaba reducida a ser sometida hasta que vino Cristo… nadie os debe someter al yugo de la carne, porque la carne está redimida por Cristo. Rebelaos contra el pretendido progreso, que hace situarse a la mujer como un trozo de carne. Tenéis dignidad. Sois muchísimo más que eso. Vuestra dignidad está en ser hijas de Dios".

El aborto destruye la figura del hombre, cosifica a la mujer y asesina al nasciturus. Todo muy progresista. Y así se deja ver en el actual debate sobre la reforma Gallardón.

Hasta ahora, ni en la derecha ni en la izquierda he visto referencia a la almendra del asunto: la matanza de inocentes en el propio vientre de sus madres. Bueno sólo Esperanza Aguirre (a quien tanto he criticado en otras ocasiones por su laxitud a la hora de financiar el aborto como presidenta de Madrid) (en la imagen), quien el martes aludía a un hecho concreto, a la que ha llevado la legislación infanticida: el salvajismo de las máquinas rompecocos en la clínica del doctor Morín.

Pero es que eso sigue pasando todos los días, desde 1985. Y no Aguirre: el aborto no es un fracaso, es un homicidio. Pero, por lo menos, la ex de Madrid fue a la cuestión central del asunto del aborto: el asesinato que supone todo aborto.

Eulogio López

[email protected]