Que el aborto se ha convertido en una de las claves de la lucha política no es necesario demostrarlo: roza la evidencia. No sólo eso: el derecho a la vida es una cuestión tan radical, tan decisiva entre la verdad y la mentira y entre la libertad y el homicidio que se ha convertido en la madre de todas las cuestiones, eje de la vida social.

Dicho de otra forma, basta con saber la postura de cada cual sobre el aborto para conocer más sobre dicha persona que con cualquier otra cuestión.

Verbigracia: el Gobierno de la Comunidad de Madrid, que preside la popular Esperanza Aguirre, se ha enfadado mucho con las últimas informaciones de Hispanidad sobre la política del Gobierno del PP en general y de la Consejería de Sanidad en particular, ahora dirigida por el consejero Fernández Lasquety, una de las más piadosas almas laicas del Partido Popular.

La verdad es que la inacción de José María Aznar durante sus ocho años de mandato, hizo que se multiplicaran los abortos quirúrgicos y químicos en España. Hasta desarrollar un verdadero mercado del aborto, con marketing añadido.

Y no vale la excusa de que hay que cumplir la ley porque el aborto, desde 1985, con el PSOE y con el PP, siempre ha sido un repugnante fraude de ley, además de un asesinato masivo. La nueva normativa exige a todas las clínicas abortistas la validación de su registro para perpetrar abortos acomodándose a la nueva ley. Pues mire señora Aguirre o señor Gallardón, o señor Rajoy, o señora Cospedal O doña Soraya, o señor...- ahí tiene una oportunidad muy legal para obligar a los mataderos de seres humanos a que, al menos, cumplan la ley homicida. Ojo, no por ello la ley de aborto, la que acaba de entrar en vigor y la de 1985, deja de ser un homicidio masivo que se ensaña con el más inocente pero a los accionistas de los abortorios se les reduciría el negocio de forma considerable.

Es llamativo que las deficiencias encontradas en 2006 y a las que aludía Hispanidad, no hayan servido para nada. Recordemos las últimas cifras oficiales: 112.000 abortos. Porque insistimos: la ley de aborto no sólo es un asesinato, es, además, un fraude. Aquí aborta la desalmada a la que le viene en gana y en cualquier momento de embarazo.

Lo que nos lleva a otra batalla: ¿Puede un católico votar en conciencia al Partido Popular? Desde luego que no, como no puede votar al PSOE. Porque ambos partidos son abortistas, el uno con desfachatez y el otro con la boca pequeña, pero ambos lo son. Actitudes como la del Gobierno valenciano de enseñar ecografías de fetos a las mujeres que pretenden abortar me parecen buenas, pero no es suficiente.

Y el mal menor no es aceptable. En materia de principios no negociables, sólo podemos admitir el bien posible. La cuestión no sólo es importante, es urgente. Entre otras cosas, porque la actual era abortera, no lo duden, se acerca a su final, pero el terrorismo prenatal es igual que el terrorismo político: los últimos coletazos son los más homicidas.

No, un católico no puede votar al PP.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com