Asegura Valenciano (insisto: si de verdad quieren conocer a Elena Valenciano quiten el volumen cuando sale por la tele) que Gallardón les ha llamado asesinos. No es verdad pero ojalá lo hubiera sido. Del propio comunicado del PSOE se extrae la falsedad. Es que los verdugos siempre quieren pasar por víctimas. Hitler quería pasar por víctima del sionismo y Mao por víctima del imperialismo. Mentían claro, como mienten los aborteros de hoy -por ejemplo, las feministas-, los mayores verdugos de la historia moderna que quieren pasar por víctimas

Ojalá el ministro Gallardón (en la imagen junto a Valenciano) hubiera tenido el valor de llamar asesina a la abortera Valenciano, porque si Valenciano no asesina a los nonatos con sus manos lo cierto es que lo que está defendiendo es justamente eso: el asesinato de inocentes a escala industrial. Vamos, que Gallardón no ha llamado asesinos a los socialistas pero yo estoy dispuesto a llamárselo ya mismo.

Y a los populares también. Lo que le ocurre al PP es que nadie da lo que no tiene. Y en el PP no tienen la convicción del derecho a la vida, les importa un pimiento. Lo que intentan es no hablar de ello, de igual forma que en época victoriana no se citaba la palabra pantalones delante de una señorita (aunque siempre he sospechado que este tópico era falso). Gallardón tampoco está dispuesto a sacrificar su carrera para defender la vida pero al menos ha mantenido una reserva mental que le lleva a intentar detener el cáncer del aborto con compresas. Y como nos hemos degradado hasta donde nos hemos degradado, resulta que ahora el aborto ha pasado de aborto libre a aborto obligatorio.

Lo que está ocurriendo con el aborto, no en España, sino en todo el planeta es que las reservas orales de la humanidad están al límite. Personalmente, creo que más al límite que nunca jamás. Y entonces es cuando los abortistas exigen que la matanza aumente y los tibios, los del PP, no se atreven a hablar de vida y recurren al eufemismo y a los debates estériles hasta traspasar la frontera del ridículo. Y entonces, cuando hacen el ridi, en lugar de girar hacia la vida ceden ante los asesinos y se convierten ellos mismos, en asesinos o en cómplices de asesinato.

A mí Valenciano me resulta una asesina patética, pero Soraya Sáenz de Santamaría, con su defensa de la ley abortista de 1985, o Rajoy, me resultan unos tibios patéticos y ridículos. Y la postre, asesinos.

Por cierto, los mercaderes de la muerte siempre dicen que los defensores de la vida actúan así por motivos religiosos. No necesariamente, aunque la Iglesia aparece como el único reducto que defiende la vida de los inocentes. Pero hay algo en que, por curiosa paradoja, sí tienen razón: cuando establecen una relación directa entre promover el aborto y acabar con la Iglesia. Porque cuando los abortistas consigan imponer el aborto obligatorio, como han hecho los chinos, habrán encontrado la excusa perfecta para revolverse, con violencia, 'of course',  contra la Iglesia, culpable de no aceptar el 'derecho' al aborto.

Claro que, para ese momento, a lo mejor el mundo ha cambiado.

Eulogio López

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