Sr. Director:
A pesar de la existencia de algunas iniciativas positivas, una profunda sombra de preocupación cubre la actualidad social catalana.

 

Varias noticias con una raíz común, focalizan la situación por la que atraviesa esa Comunidad Autónoma. El Consejo Escolar de Cataluña quiere dar un paso más en la desaforada deriva laicista para denominar a las vacaciones de Navidad y Semana Santa, vacaciones de invierno y de primavera.

Más allá y más acá del caso Millet, la cultura oficial en Cataluña está bajo sospecha con los informes fraudulentos del Gobierno del Tripartito para favorecer a sus amigos, o con las subvenciones anticonstitucionales de los gabinetes de Pujol y Montilla a Omnium Cultural, todo ello sin tener en cuenta el caso Pretoria.

Todos estos casos son síntomas de una enfermedad profunda, agravada por la falta de sentido crítico instalado los medios de comunicación, y como consecuencia en la sociedad, por la clase política. Criticar lo que pasa en Cataluña es ser anticalán.

La ausencia del sentido último de la responsabilidad en el ejercicio de la política por parte de una izquierda que se preocupa más de su proyecto de ingeniería social que de la justicia y de la verdad con la que tomar sus decisiones. A este abuso de la ideología se añade la mentalidad de cierto nacionalismo que pretende patrimonializar una sociedad mucho más viva y plural de cuanto imagina.

Cataluña, que ha sido ejemplo de múltiples iniciativas en la historia de España, no puede estar secuestrada por una mediocre e ideologizada clase política.

JD Mez Madrid