Dice el juez Gómez Bermúdez que diez años después del 11-M no sabemos quien dio "la idea" del atentado. Pues hombre, podía haberlo dicho antes. Porque tal y como llevó el juicio y tal como sentenció parecía que lo único que le interesaba al juez estrella era enfatizar su estrellato y acabar cuanto antes.

Aquel aciago día del 11 de marzo de 2011, Hispanidad recibió todo tipo de insultos por asegurar, a las pocas horas, que ese atentado no podía ser obra de ETA, sino que tenía toda la pinta de tratarse de un atentado islámico. Aznar (en la imagen con Zapatero), obsesionado con ETA, dio a entender que podrían haber sido los terroristas vascos y Rubalcaba, en una de sus actitudes más canallescas, montó un golpe de Estado electoral.

En idéntica tesitura, la España cainita reaccionó en sentido contrario a norteamericanos, británicos o australianos

Luego llegó Zapatero y en lugar de cerrar la herida que le llevó a La Moncloa la abrió en canal y entronizó el guerracivilismo... que es donde seguimos diez años después.

El 11-M fue un salvaje atentado exitoso: se planeó contra España y consiguió lo que quería: dividir a los españoles. Ahí empezó el declive, porque el 11-S unió a los americanos, como a los australianos les unió el atentado islámico de Bali o como a los británicos les unió el también islámico atentado de Londres. Sólo en la España descristianizada  cainita ocurrió lo contrario: una guerra civil fría de la izquierda contra la derecha y de la progresía contra el espíritu católico que constituye la esencia de nuestro país aunque no su actualidad.

Sí, desgraciadamente fue un atentado exitoso. Los culpables deben estar frotándose las manos. Para el futuro inmediato de la humanidad, España es más importante de lo que suponemos los propios españoles.

Eulogio López

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