En el Banco Central Europeo tienen una idea muy clara: no se podrá hablar de unión bancaria hasta que no haya fusiones paneuropeas. Europa necesita entidades grandes, muy grandes. Ya saben: banco grande, ande o no ande. Por eso, desde Fráncfort han vuelto a llamar a rebato: señores, tienen ustedes que apuntalar sus recursos propios y una de las vías es la unión con un semejante.

El BCE ya no busca absorciones de un mediano por un grande. Ahora se trata de fusiones entre iguales y ya tiene su primer ensayo: la operación que podrían cerrar el italiano Unicrédit y el francés Société Generale. El objetivo final, un campeón en recursos propios.

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Precisamente, esa es la primera y principal queja de las entidades españolas: no siga aumentándonos las exigencias de capital y suba los tipos de interés. Eso sí que nos ayudaría y no la necesidad de aumentar nuestros recursos propios. Además, ¿para qué necesitamos tanto capital si, al final, no podemos dar crédito? Pero una subida de tipos, aunque fuera mínima… Si con los tipos en negativo hemos logrado salir adelante, qué no podremos hacer con un poco de oxígeno.

Me dirán que esta queja no es nueva y es cierto, pero ha tomado nuevos bríos ante la insistencia del BCE. Y recuerden, además, que los requisitos de capital fully loaded entran en vigor el próximo uno de enero de 2019. Todo esto ocurre en un contexto de tipos de interés en mínimos y sin perspectiva positiva. Y la decisión de prolongar la situación hasta, al menos, el verano de 2019, no ayuda.

Así las cosas, el BCE insiste con fusiones paneuropeas, que apuntalen la solvencia de las entidades, aunque algunas, como el Santander, aclaran que, en realidad, lo que pretende el BCE es mejorar la rentabilidad del sector. Un matiz que no ha gustado, por ejemplo, al BBVA, que se ha quejado en Fráncfort: el Santander está peor en recursos propios que nosotros.

En definitiva: el BCE quiere fusiones paneuropeas y utiliza la solvencia como pretexto. Una solvencia que sufre enormemente con cada exigencia adicional… del BCE.