Las encuestas insisten: el Sanchismo se desinfla sí, pero el que sube es el Partido Popular, puro centro-reformismo de Pablo Casado, con un portavoz, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que se confiesa un entusiasta del aborto: ¿qué le enseñaron a este señor en el colegio Retamar, del Opus Dei?).

Las encuestas son las que han encendido las luces de alarma en Vox, el único partido católico del hemiciclo -mal católico, pero católico- hasta terminar en una dilema muy sencillo: o romper con el PP o desaparecer.

Sigue siendo el único partido cristiano del parlamento pero corre el riesgo de resultar canibalizado por un PP centro-reformista, pura progresía de derechas

Es la gran decisión que Santiago Abascal debe tomar: si no apoya a Casado permitirá la supervivencia del Sanchismo. Y es sabido que a don Pedro Sánchez Pérez-Castejón habrá que sacarle de Moncloa en parihuelas.

Ahora bien, ¿Cuántos votantes de Vox le perdonarían que no apoyarA al PP y posibilitara la permanencia de un gobierno socio-podemita? Si lo hiciera a lo mejor lo que estaría en juego sería la misma supervivencia de Vox.

Vox ha tocado techo y por no defender sus principios cristianos corre el riesgo de quedarse sin sitio. Su alma falangista puede ser secuestrada por los peperos sin ningún problema

Pensemos, que no duele: Vox continúa siendo el único partido cristiano del Congreso, pero corre el riesgo de resultar canibalizado por un PP centro-reformista, pura progresía de derechas, que es en lo que se ha convertido la formación de Pablo Casado.

Al mismo tiempo, Vox ha tocado techo y por no defender sus principios cristianos corre el riesgo de quedarse sin sitio. Ejemplo: su alma falangista puede ser secuestrada por los peperos sin ningún problema, sin que don Pablo pierda su imagen de moderación (es lo que más le preocupa).

Sí, Juan Español está tan harto de las exageraciones podemitas, o de las reclamaciones de vascos y catalanes, que el PP podría echar las patas por alto -de hecho ya lo está haciendo- y envolverse en el concepto de la sagrada unidad de España. No sólo no perdería votos: los ganaría y le robaría a Vox su alma nacionalista.

El dilema de Abascal: si hay que elegir entre progres de izquierda y progres de derechas… me quedo con ninguno de los dos

Abascal debe recordar que su identidad no es nacionalista, sino cristiana. Y si en defensa de los principios cristianos -sobre todo los de vida, familia, libertad de enseñanza y bien común- debe plantear al PP condiciones ‘sine qua non’… deberá hacerlo.

La prepotencia progre -progresismo de derechas, que conste- del Casadismo puede obligar a Abascal a decir no, aún cuando su negativa propicie la continuidad de Pedro Sánchez, deberá hacerlo.

En cualquier caso, servirá para comprobar cómo, si el cobardón Pablo Casado percibe que, en efecto, Vox puede decirle no, reculará y dejará de ser tan… progresista.

Conclusión: si hay que elegir entre progres de izquierda y progres de derechas… me quedo con ninguno de los dos. Es lo que debería pensar el líder de Vox, que no es un partido ultra sino un partido católico… o no será nada.